Ni de aquí ni de allá.
Ser de aquí y de allá es estar suspendida entre mundos que no terminan de aceptarte por completo. Crecer con un pie en cada país es una suerte de condena silenciosa. He estado siempre una especie de limbo identitario, donde no pertenezco por completo a ninguno de los dos lugares que me daban nombre. En cada uno de esos mundos, las expectativas son claras: si eres de aquí, deberías ser así, comportarte así, pensar así. Pero ¿qué pasa cuando no encajas por completo en ninguno de esos moldes? Lo que pasa es que quedas flotando, sin un sitio definitivo en el que poner los pies. El concepto de identidad, de ser parte de un lugar, de sentirse arraigado a algo, se vuelve difuso. Como una planta que crece sin poder echar raíces profundas, te adaptas, pero nunca del todo. Es como si una parte de mí estuviera siempre mirando hacia atrás, hacia lo que dejé, mientras la otra parte avanza, siempre buscando encontrar un lugar que me reciba completamente. Pero, ¿Qué he dejado?, nada ...


.png)
.jpeg)