sensibilidad virtual
El futuro se ha ido, más que en un sentido en el que probablemente será inevitable el planeta, sino la idea misma de futuro. Ya no se piensa en algo para el futuro, víctimas de una realidad que amenaza su poder. La analogía con la Segunda Guerra Mundial es ineludible, pero con una diferencia fundamental: no hay campos porque existe algo llamado ONU. Sin embargo, sé que no hay nada que yo pueda escribir para cambiarlo, y no creo que haya algo que pueda hacer.
No tengo dinero, no tengo influencias, no tengo poder, no tengo alcance. Parece ser que no hay fin, no sé qué hallar, qué elegir: esperanza o desesperanza, ambas puestas en el mismo sitio. Las noticias diarias, las muertes diarias, me ponen muy triste y en estado de vigilancia constante.
Es aún más pesado saber que evito imágenes e información por mi bienestar, pero ¿cuál bienestar si vivo enferma? Más complicado decidir entre tanto contenido, era relativamente nueva, era en la que estoy, en la cual puedo acceder a toda la información… información que no quiero ver, que decido no ver.
Esta concatenación conectiva nos ha rebasado. Procesos socioculturales que colisionan dentro de la globalización, un orden digital del que quiero huir, mas no puedo. Yo no estoy ahí, sé cuánto duele una herida, pero no sé cuanto duele vivirlas, ver la tierra romperse.
No hay nada que pueda decir que a mitad del camino de intentar dar, pronunciar a nombres o eventos, que no hayan pasado a través de máquinas de información, controladas ya. Una esfera lingüística donde no vislumbro salida.
Estar tras una pantalla ha cambiado mi sensibilidad, en ocasiones actúa, el mayor tiempo es indiferente. Emociones que se conectan a eventos, a videos, que sin deslizar no habría comunicación visual. Situación real que percibe al observar, sé que están en un espacio-tiempo distintos, pero también sé que el dolor es real.
Cada minuto, cada segundo, la realidad sigue, y están atrapados. La desesperación, esos sentimientos comunes que mi sensibilidad pueden corresponder, encuentran una conexión donde hace un segundo no existía. Un conjunto creado, se enlazan en redes guiadas por la sensibilidad, crea uniones guiadas por los sentidos y la habilidad para dar significado a un genocidio.

Representas muy bien el estado de ánimo de los que vivimos de este lado de la pantalla. De vez en vez, surge la sensación de que el mundo "del otro lado de la ladera" (cf. el sentido que daba a esta expresión el poeta cubano Dámaso Alonso al referirse al mundo de los místicos) está ahí, para interpelarnos, como esperando nuestra asistencia, pero al que parecemos faltar por cierta incapacidad que nos anega. Es lo mismo que señalas con la pobreza semántica en la idea de "futuro", es lo mismo, la tara de una impotencia que nos incapacita para huir de "esta ladera". Lo que nos queda, justo como se hace cuando se lee a los místicos, es intuir que hay un sobre-ser que acompaña la herida de lo que llamamos "mundo", una herida que nos invita a "saltar", y no hay salto sin riesgo.
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