El hauntológico anhelo del frutiger aero


"El siglo XXI nació como un tiempo marcado por un eclipse general de las utopías" 
- "Melancolía de izquierda" Enzo Traverso

Hace un par de meses, en redes sociales se popularizaron varias imágenes como la que está aquí arriba. Imágenes con colores vibrantes, donde la tecnología de mediados de los 2000 convivía en armonía con la naturaleza, abundante en verde, azul y naranja, en tonos cálidos como los mundos que retrataban. El nombre que se le dio a este tipo de estética es "frutiger aero", y era común en la estética de versiones de windows como el vista o el 7, o también estaba presente en el iOS de apple en la década del 2000, así como en varias otras cosas de la época. 

De esta estética han surgido subgéneros, como el Frutiger metro, Frutiger eco, Frutiger aqua, etc. pero el que más llama mi atención es el frutiger eco. Lo que caracteriza a este género de frutiger aero es la armonía entre tecnología y naturaleza (aunque también está presente en el frutiger aqua). 

ejemplo de frutiger aqua 

modelo de departamentos inspirado en el frutger aero, nótese la presencia de curvas y formas orgánicas y la armonía del edificio con el paisaje. 

Si bien esta tendencia del frutiger aero tiene una buena dosis de nostalgia muy presente en mi generación (hablo de la generación z, los que nacimos entre el 94' y a mediados de los 2000), dado que esta estética estaba muy de moda en los 2000, creo que también hay mucho de hauntológico en todo esto. 

La hauntología es un concepto inventado por Derrida en “Los espectros de Marx”, que es un juego de palabras “haunt” y “ontología”, si la ontología versa sobre lo que podemos decir que existe, la hauntología versa sobre la ausencia, sobre la diferencia (o differance) que, según Derrida, rige nuestro aparato gnoseológico, es decir, que conocemos las cosas basándonos en las diferencias que hay entre las cosas más que sobre las cosas en sí mismas, pues para Derrida no hay algo como una existencia pura y plena. Otro modo de entender a la hauntología es como la agencia del espectro sobre la vida actual, en otras palabras, la capacidad de lo imaginario (no me gusta demasiado esta palabra, ya que comúnmente ligamos lo imaginario con lo irreal, lo falso, pero para nada es así) sobre lo que se supone es "sólido", "físico", "real" como lo son las decisiones personales o el estado de las sociedades. 

Es esta manera de entender la hauntología la que popularizó Mark Fisher en su libro "Los fantasmas de mi vida", donde se dedica a analizar las fijaciones musicales y estéticas de su juventud, que enmarca en el concepto de "modernismo popular": figuras vanguardistas (como el surrealismo o el futurismo) que aparecían en los programas que se producían para las masas como programas de televisión y música popular. 

En su análisis, Fisher plantea que estas figuras modernistas, junto con sus potenciales emancipatorios, acecharon (haunt) el imaginario de su generación, lo cual puso expectativas políticas que no se cumplieron, sin embargo, aquellos fantasmas tenían potencial político real, dado que el mundo en el que aparecieron aquellos productos culturales tenía vías para materializarse (contracultura, la existencia del "socialismo real", una alternativa fáctica al capitalismo-democracia liberal). Eso no pasa con el frutiger aero en nuestra actualidad del capitalismo tardío (realismo capitalista). 

Si los memes y tendencias estéticas de internet pueden ser considerados movimientos artísticos y estéticos legítimos es debatible (aunque yo me inclino a pensar que no lo son, si les interesa profundizar en este tema pueden visitar el pequeño análisis que hice entre dadaísmo y shitposting aquí), aunque en dado caso que lo aceptáramos éstas caerían bajo la lógica del pastiche: la repetición y re-mezcla de elementos ya conocidos, comúnmente apelando a la nostalgia, para crear nuevas mercancías de consumo, que traducido a la forma de consumo del capitalismo de plataformas, para hacer que estemos más tiempo frente a la pantalla, generando interacciones y consumiendo publicidad. Esto en cuanto respecta a la reaparición de estéticas de épocas pasadas en nuestro imaginario digital contemporáneo (como la de los 80's en la década pasada, como la de los 2000' en esta década, como si estiviéramos atrapados en un bucle tecno-crono-cultural de pastiche tras pastiche sin una salida cercana a la vista) 

En cuanto a la estética en sí, resulta generalmente optimista. Como había mencionado en la introducción de esta entrada, lo que caracteriza a esta estética es la presencia de colores vibrantes y orgánicos, de infraestructura tecnológica moderna en armonía con la naturaleza. Esta era la imagen que quería dar la creciente industria de la tecnología en la década del 2000', una en la que los aparatos que esta industria ponía a nuestra disposición (computadoras, celulares, infraestructura urbana) convergería con el cuidado del medio ambiente, un tema de moda en esa época. El concepto es muy bueno de hecho, de no ser por que esta industria, junto con los desarrollos tecnológicos que traería, nacieron y están inmersos bajo la lógica de la especulación financiera del punto-com de los 90', bajo los flujos del capital posfordista neoliberal, además que, opuesto a lo que dicha estética pintaba, el desarrollo tecnológico implica un considerable costo ambiental y humanitario (véase las minas de litio), y la crisis ambiental no hace sino empeorar año tras año. 

Lo hauntológico en todo esto radica en la posibilidad (aunque sea sólo por medio de esta estética) de pensar un mundo donde, en efecto, tecnología y medio ambiente convivan en armonía. Habría que (re)pensar la manera en que interactuamos con la tecnología, en que la tecnología interactúa con nosotros, y hasta el concepto mismo de tecnología que, dicho sea de paso, está fuertemente alienada por los flujos y procesos del capital, y que impide que surgan nuevas maneras de entender y aplicar la tecnología de una manera más amigable con el medio ambiente y con la humanidad misma, es esta toda una apuesta aceleracionista. Otro movimiento estético que manifiesta mejor a este fantasma es el Solarpunk, al que dedicaré otra entrada en el futuro. 


Referencias:

Fisher, M. (2018) Los fantasmas de mi vida. Caja negra. Buenos Aires

________ (2019) K-punk Volumen I, escritos reunidos e inéditos (Libros, películas y televisión). Caja negra. Buenos Aires. 

Srnicek, N. (2019) Capitalismo de plataformas. Caja negra. Buenos Aires

Williams, A; Srnicek, N. (2013) Manifiesto por una política aceleracionista. Caja negra. Buenos Aires




Comentarios

  1. Me gustaria preguntaros acerca del porque enfatizas el cuidado en la categoria de lo imaginario. Al pensar en una propuesta de estilo como el frutiger, aún con su noción de correlatividad con el mundo, no puedo sino ponderar que tan proxima se encuentra a experimentos vanguardistas como el formalismo ruso, teniendo de única referencia el medio especifico en que se transmite. Concordaría en la ficcionalidad así como la virtualidad digital como realidades ontológicas que merecen nuestra atención, pues la agencia de los seres racionales persiste en tal entorno aunque sea más díficil rastrear la fuente.

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    1. Lo que pasa es que cuando escribía esta entrada tenía en mente e un lector no avezado en el lenguage filosófico-psicoanalítico, quien podría tener en mente una noción negativa de la palabra imaginación o imaginario que no encaja necesariamente con las nociones onto-epistemológicas más corrientes, esto es, identificar a lo real y verdadero con lo tangible (lo que puedes ver y tocar), lo cual no podríamos encuadrar con fenómenos como los sueños, alucinaciones, soliloquios artísticos, etc.
      He buscado un poco sobre el formalismo ruso y no encuentro nada que se le parezca al frutiger aero, tendrías que pasarme algún nombre de un artista u obra que te haya evocado esta misma sensación. En cuanto a la vanguardia, resulta problemático (y es el problema que plantea Fisher) que ésta haya sido una explosión de imaginería y afectos sin precedentes, capaz de alterar nuestras conciencias (yendo a través de nuestras mentes, no fuera de ellas) llevándonos a imaginar mundos, realidades y alternativas más allá del que habitamos, y que ese imaginario nos llevara a pensar modos de ser y actuar político que pudiera acercarnos a una realidad que, tal vez no necesariamente alocado como los cuadros surrealistas, pero sí más vivo y (re)al que el que habitamos-

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  2. Leerte me hace pensar en un punto extremo, que toda vanguardia lleva programada su caducidad, no importa cuán insurrecta y desafiante sea. Si se concede esto, se deberá conceder que no hay vanguardia sin melancolía programada, con parásitos espectrales que terminarán devorándola. Y este fenómeno puede ser pensado en los territorios estéticos y en los políticos. Persistir en la ruptura nos lleva a la ingenuidad o la mala conciencia, al parecer habrá que entregarnos, con gozo o sin él, al océano la regurgitación, y más bien atender patrones y singularidades de los que podamos extraer puntos a tomar en cuenta para lanzar, una vez más, la conciencia y las acciones al "futuro".

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