Reposa tu equipaje en lo que reemprendemos la marcha

Siempre, desde chico, se me explicó cuál era el sentido de la automatización; cómo se podían beneficiar las personas de ella y cómo afectaría mi futuro. Ya no habría trabajos miserables y mal pagados, las maquinas resolverían esos quehaceres para que nosotros pudiéramos enfocarnos en lo que quisiéramos y todo funcionaría de maravilla.

Debo haber entendido mal. Todo parecía muy claro, pero... ¿Cómo si no se puede comprender que la situación sea exactamente la contraria?

No sé hasta qué punto calificaría como digno de la ocupación humana, según el ideal que acompañaba a mi comprensión de la automatización, a algo que está tan lejos de interesarme o de parecerme bello como las finanzas, pero su importancia es innegable y sorprendentemente, como observa Mark Fisher, su independencia de los humanos crece día con día creando situaciones imprevistas por nosotros que tienen un gran impacto en nuestra vida. Esto no es otra cosa sino enajenación; separarnos de nuestra propia creación hasta tal punto que termina por mostrársenos irreconocible.

Sin embargo, esto también ocurre en otro campo: la creación o el acto creativo. Lo que hace dos años aproximadamente se veía con humor y un poco de incredulidad hoy nos impulsa a crear palabras de seguridad con nuestros seres queridos, amenazar alumnos con reprobarlos y hacer huelgas exigiendo que nuestros empleadores no nos remplacen con inteligencias artificiales. Nos toca a nosotros ser testigos de como la cultura empieza a ser fabricada por otras ¿manos?

La forma en la que las i.a. trabajan es alimentándose de lo que hay en una base de datos (el internet) recogiendo distintos elementos y agrupándolos de maneras no exactamente como las que había, pero tampoco tan diferentes como para que no sintamos que nos están plagiando. Nada nuevo sale de esta creación, solo lo viejo.

Bueno, no lo sé, quizás no sea tan malo. Mark Fisher ya había visto a la cultura creada por las personas agotada, dando esta la impresión de no haber salido siquiera del siglo XX. Bajo la dirección de las maquinas se abandona el posible surgimiento de lo nuevo que pudiera surgir de un milagroso chispazo humano; lo que sigue es la continuación mecánica del estancamiento.

Comentarios

  1. Tu texto me hacer recordar al economista Nick Srnicek, el autor de Capitalismo de plataformas. Según él, el desarrollo tecnológico es irreversible y sería inútil opnerle un cambio, pero eso no implicaría que no deberíamos dejar que la innovación tecnológica fluya indiscriminadamente. Sería ridículo todo neoludismo, tanto como nos parecen aquellos trabajadores a principios del siglo XIX desmantelando las funestas máquinas nacientes. Incliuso podríamos preguntarnos si no debieramos, incluso, acelerarlo. El maquinismo del capitalismo digital, unido a nuestras formas de desear, nos debe "superar", lo cual implicaría un reordenamiento de las formas de producción. Al menos un escenario es posible, aquel donde las máquinas han desplazado al ser humano, y donde los desplazados poseen los derechos (nuevos derechos, ahora inexistentes) de una renta universal básica, figura que puede aglultinar las luchas y convocar los cuerpos utopizados, sí, una vez más.

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