LA MUERTE DE VERNE

Sebastián De Marcelo López


El señor Jules Gabriel Verne falleció el 24 de marzo de 1905 en Francia. Pero según la idea que afirma que las obras de las personas trascienden la vida de estas, podríamos decir que aún “vive” a través de su obra hasta nuestros días ¿o no?

El señor Verne escribió muchas obras literarias que hoy en día siguen siendo leídas por miles de personas alrededor del globo donde en algunas de ellas muestra, si se me permite decirlo, una gran devoción por la idea del progreso. En varias de sus novelas es un tema recurrente el que sus personajes se apoyan en un pulcro optimismo por la idea de la tecnología y del conocimiento científico y gracias a ellas realizan grandes hazañas. Tal es el caso de “De la Tierra a la Luna” donde se reúnen un grupo de intelectuales a intercambiar ideas acerca de enviar un proyectil tripulado que llegue a la luna disparado por un cañón.

Me atrevería a decir que ese sentimiento optimista por cosas como el progreso, la tecnología, la ciencia, y la humanidad era algo que en general se compartió en Occidente durante un largo periodo e inundaba la atmósfera de esperanza por el futuro. Me concreto al ejemplo de la obra de Verne porque me parece que se ha vuelto un referente para muchos del enérgico sentimiento de emoción por lo que el futuro depararía a la humanidad y las aventuras que vendrían con el progreso del que tanto hago mención. Así, la ciencia ficción como la que escribía Verne es una ciencia ficción que llena de esperanza a quién la lee, es optimista y si bien ciertamente en varios fragmentos parece tediosa por el repetitivo y largo uso de explicaciones lógicas, históricas y científicas, al final de la lectura deja al lector ese sentimiento de osadía, de emotividad e incluso de motivación por buscar ese progreso, un ferviente ánimo por conocer, inventar, descubrir, explorar.

Sin embargo, ese sentimiento que se podía ver en la literatura de ciencia ficción duró poco y dió paso a una ciencia ficción que se saborea más amarga, agria, en proceso de putrefacción. La ciencia ficción deja los tonos cálidos y brillantes para volverse oscura, sucia y con olor a sangre y orina. Si algo nos dejó ver el tiempo es que ese progreso no traía aventuras ni hazañas tan emocionantes como las que dibujaba Verne en la mente de sus lectores. Todo lo contrario, nos pensábamos como los dioses que pueden construir cualquier cosa y donde las máquinas van a servir a la humanidad hacia una línea de progreso interminable. Un ejemplo de ello es como imaginamos la escala de Kardashov y aún posterior a su propuesta la fuimos complementando con escalas aún más altas. Soñamos con un progreso infinito donde podríamos aprovechar todo el universo y domarlo para que sirviera a nuestro favor.

Pero ahora que volteamos a nuestro alrededor, observamos que ese progreso no es absoluto. Es debatible pero al menos yo sí afirmo que el progreso científico y tecnológico fue posible y trajo muchísimas ventajas pero al mismo tiempo ha marcado a la humanidad de una forma brutal que se ve reflejada en como no tiene tiempo de prepararse a esos cambios tan repentinos y que juegan con él mismo.

Así que ahora, retomando mi primer párrafo, ¿realmente la obra de Verne sigue viva? ¿o será que Verne ya está muerto?, logró postergar su muerte con su optimismo utópico un poco pero finalmente la muerte con su brutalidad y real crudeza lo alcanzó demasiado pronto dejando sus restos flotando sobre el llanto de sus lectores actuales quienes voltean a ver con ojos llorosos y ojera que ese progreso no era ni optimista ni traía aventuras. Más bien ese progreso resultó trágico, aburrido y por qué no hasta repulsivo y sumamente solitario.

Olvidamos que una moneda siempre tiene dos caras y el progreso casi siempre es una moneda al aire, un arma de doble filo. Basta con mirar como esa ilusión yace enterrada en las novelas de ciencia ficción más recientes, donde la humanidad se representa como seres que sobreviven ante una profunda división social, luchan la guerra del estado de naturaleza de Hobbes en un Estado con contrato social, el chiste se cuenta sólo y esta condición sale de las páginas digitales escritas por los dedos de autores igual de desconsolados que sus lectores. Los autores quieren exagerar una realidad que cada vez se hace más íntima, se siente cercana y real al sentimiento de incertidumbre que ha dejado la idea que teníamos de progreso. 

La ciencia ficción busca la muerte o como menos acepta que la depresión es el futuro, la fantasía narrativa es que de una vez nos lleve la chingada a todos y a todo, pues no tenemos salvación, somos unos condenados. Así, la literatura y el cine de ciencia ficción pintan escenas más melancólicas y solitarias, no hay finales felices, nos identificamos más con Los juegos del hambre, 1984 y Blade Runner que con De la Tierra a la Luna. La ciencia ficción ha dejado el progreso y las aventuras emocionantes y ha evolucionado hacia imágenes de edificios con cientos de luces neón que brillan por encima de los edificios, siempre en lo alto porque tratan de ocultar la mierda en la que viven sus habitantes por debajo de esos edificios, hay aventuras, pero son aventuras trágicas, con protagonistas sumamente tristes y depresivos, molestos, furiosos, cansados, así pinta ahora nuestro “progreso” y la ciencia ficción lo huele.

Si me lo preguntan, yo diría que Verne sigue vivo, pero su vida pende de un hilo, está conectado a cientos de tubos que lo mantienen vivo, pero en un estado cadavérico. Son esos pocos individuos que se niegan a aceptar esa visión gris y mohosa de la ciencia ficción actual y su reflejo en la realidad los que lo mantienen vivo a la fuerza. Pero es difícil para mí decir si su optimismo nos mantiene en pie o si se equivocan y deberíamos desconectar de una vez por todas a Verne y aquella idea de que valía la pena.


Comentarios

  1. El acercamiento desde Verne y su optimismo utópico para plantear o al menos, concebir mediante la ciencia ficción un futuro depresivo, sin duda, nos permite reflexionar los grandes avances de la tecnología, incluso parece emocionante que algunos libros y películas, al menos, en mi caso, por Los juegos de Hambre sean escenarios futuros posibles o que se presten a imaginar futuros similares. Me gustó mucho el texto y las palabras que acompañan al sentimiento de "resignación".

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