Tecnología y pánico a través de la perspectiva de Nick Land
Melitón Charco Tania
Los
grandes clásicos de la literatura y del cine situados en eras tecnológicas
avanzadas sumergen a lxs espectadorxs en una atmosfera donde lo utópico logra
mezclarse con la realidad; en muchas de estas obras, se replican escenarios
donde casualmente, la cognición humana es superada por el desarrollo autónomo
de las creaciones artificiales.
Hasta
hace un tiempo parecía que estos escenarios eran parte de un género de
literatura o cine, sin embargo, con las nuevas incorporaciones tecnológicas de
la IA, parece que estos debates ya no solamente son casos hipotéticos, sino
que, se abre un nuevo campo de investigación filosófico acerca de las posibles
intervenciones de la IA.
Los
posibles escenarios donde la inteligencia humana es superada por las creaciones
artificiales parecen explicar la raíz del miedo por las innovaciones
tecnológicas, pero ¿no es acaso solo un miedo hipotético hacia lo
desconocido?
La
transformación de lo natural en artefactos comenzó mucho antes en la historia,
y su inicio se encuentra en nuestra propia especie; nosotrxs, como seres
humanos de la especie Homo sapiens somos la representación de lo humano con la
naturaleza. A lo largo de milenios de evolución y desarrollo biocultural, hemos
llevado a cabo un arduo proceso de doma técnica en la naturaleza humana. Esto
significa que la influencia de la tecnología no se limita a los organismos en
sí, sino que se extiende a cómo interactúan con otros seres vivos y cómo esto
afecta tanto a los entornos naturales como a los seres humanos involucrados,
por tanto, lo desconocido no es motivo de pánico, pues lo que conocemos con la
intervención tecnología del ser humano y los ecosistemas parece
adaptarse bien a los códigos éticos establecidos.
Al
situarnos en un modelo capitalista donde la tecnología comprende nuevas
formas de intervención, el intento por la supervivencia humana podría ser
motivo suficiente para el pánico; las máquinas industriales pretenden
sustituir la actividad y fuerza de trabajo humana. La colaboración entre
la tecnología y la economía, con una logística que avanza rápidamente,
desintegra la estructura social en un arrebato autónomo de maquinaria cada vez
más sofisticada. A medida que los mercados desarrollan la capacidad de generar
inteligencia, la esfera política se adapta, aumenta la desconfianza y busca
activamente tomar las riendas del control.
Según Nick
Land el ser humano resulta ser un estorbo para la culminación del capital. El
interés por la producción del plusvalor comienza a devaluarse, en cambio, se
opera desde lógicas internas. Land propone la conversión de cuerpo sin órgano a
pesar de que esto signifique la aniquilación misma de la humanidad; el
capitalismo como forma de desterritorialización.
Comienza
la extinción del antropocentrismo que deviene de las dinámicas tecnocapitales. El
caso hipotético que Land describe a partir del colapso como culminación
de la humanidad parece razón suficiente para el pánico social por lo
tecnológico, pues de este modo se cumplirían aquellos escenarios que hasta hace
unos años estaban plasmados en la literatura. El colapso significaría la destrucción
de sociedades y culturas humanas, de aquellos avances que dejaban rastros de
alguna civilización humana, en cambio, se formaría una visión totalitaria de
una nueva era tecnológica, pero esto es solamente una consecuencia del
aceleracionismo según Land, ¿será prudente intervenir? ¿O existirán algunas
otras alternativas dentro del tecnocapitalismo?
Bibliografía:
Linares,
J. (2019). Adiós a la naturaleza. La revolución bioartefactual. España: Dilemata/Plaza
y Valdés Editores.
Linares,
J., y González, M. (2016), «Hacia una ontología de la bioartefactualidad.
Primera parte» (pp. 79–109), en Linares, J. y Arriaga, E. (coords.),
Aproximaciones interdisciplinarias a la bioartefactualidad. México: Universidad
Nacional Autónoma de México.
Land, N. (2017). “Colapso”, en Avanessian, A. y Reis, M.
(comp.).Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el
poscapitalismo. Buenos Aires: Caja Negra Editora. (Originalmente publicado en
1994)


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