Reflexiones acerca de Rage Against The Machine
La industria cultural es la transformación de obras de arte en objetos al servicio de un vacío entretenimiento y comodidad, es su degradación en un producto gratificante para ser consumido. Su objetivo es el de vender productos a través de los medios de comunicación y entretenimiento producidos conforme a una ideología capitalista y una lógica de acumulación de ganancias. La cultura que produce la industria cultural es la cultura de masas, que se transmite de manera masiva a través de los medios de comunicación y que tiene un fin “educativo”: educar –o más bien adoctrinar– a las masas mediante la manipulación e instrumentalización de medios de expresión culturales/artísticos como lo son los libros, películas, series, o la música. La industria cultural no sólo vende productos, sino que el contenido de lo que vende sirve como un instrumento ideológico, que educa, corrige y refuerza nuestro pensamiento para alinearlo al sistema capitalista. El capital lo absorbe todo, e incluso aquellas figuras, expresiones o movimientos revolucionarios pueden ser tragados, digeridos, drenados de su carácter crítico y revolucionario o al menos diluídos, y devueltos a nosotros en forma de una mercancía más.
¿Pero eso significa que si algo es vendible, conocido y distribuído masivamente, no puede ser subversivo?
Rage Against The Machine es una banda de rock / metal / rap integrada por Zack de la Rocha (vocalista), Tom Morello (guitarrista), Tim Commerford (bajista y corista), y Brad Wilk (baterista). Formada en 1991 en Los Ángeles, Rage Against The Machine se volvió una de las figuras culturales de la rebeldía más importantes de los 90’s por sus ritmos pesados, su impecable mezcla de géneros musicales, su enfoque político y crítico abiertamente de izquierda, y sus letras que explícitamente denunciaban la violencia perpetrada por la máquina del sistema. Las groserías de cualquier canción siempre han sido censuradas en la radio, y las canciones de Rage Against The Machine siempre debieron haber tenido muchos huecos incómodos o palabras reemplazadas, pero con todo y todos sus temas políticos, las ponían en la radio. ¿Canciones que explícitamente llamaban a mandar al diablo el sistema y el “sueño americano”, que hablaban de brutalidad policiaca, de desobediencia e insurrección? Esto sólo podía ser permitido porque no parecía representar una amenaza… algo que cambió después del atentado a las Torres Gemelas el 9 de septiembre de 2001.
Clear Channel Communications (hoy iHeartMedia), la corporación dueña del mayor número de estaciones de radio en Estados Unidos, elaboró una lista de 165 canciones consideradas “inadecuadas” de emitir en la radio a raíz del 9/11; no era una prohibición tal cual, pero digamos que era una fuerte sugerencia. ¿Y cuántas canciones de Rage Against The Machine se encontraban en la lista? 45 canciones… de las 45 canciones de la banda. Parece que Rage Against The Machine apareció justo a tiempo para ya haber tenido cierto tiempo y trayectoria antes de que el 9/11 cerrara la posibilidad de que una música y una banda como ellos alcanzaran la fama y distribución masiva que lograron tener, al menos en los Estados Unidos. Y bueno, si algo podemos aprender de los medios de comunicación es que cuando censuran algo o lo tachan de instigador al desorden y el anarquismo… es que definitivamente es algo que debes ver.
El nombre de la banda no requiere explicación: ira contra la máquina, contra el sistema. Pero quiero recalcar que esta ira no está sólo en el nombre: los ritmos, las letras, los videos musicales, los gritos de Zach, TODO está lleno de este sentimiento a tope. Hemos hablado mucho de la depresión, del nihilismo, de la nostalgia, de la melancolía por futuros perdidos. Pero mientras que la tristeza paraliza y te inunda de un sentimiento de impotencia y desesperación, la ira funciona de una manera muy distinta. Del primer álbum de la banda, la última canción, Freedom, nos lo dice claro: “Anger is a gift”. Estar enojado no es algo malo, es una emoción humana perfectamente normal, pero es una con la que pocas veces nos enseñan a vivir. Imagino que a prácticamente todos nos dijeron de pequeños que “el que se enoja pierde” y nos castigaron por enojarnos con un compañero, amigo o familiar –incluso cuando teníamos razón de estar enojados–, ahora cuando te enfrentas a situaciones injustas o violentas incluso se te revictimiza si tu respuesta inmediata es el enojo o se te tacha de amargado. Parece que el único enojo permitido es aquel que puedes tener contigo mismo, que sólo se permite que te odies y te lastimes a ti mismo. Estar enojado es una reacción que tenemos ante una situación con la que no estamos nada contentos, pero a diferencia de la tristeza, el enojo suele llenarnos de una energía que incluso podemos llegar a tener que medir y controlar por lo explosiva que puede ser. ¿Pero y si en lugar de reprimirlo mejor nos preguntamos qué podemos hacer con todo ese enojo? ¿No podría tener entonces un gran potencial? Si exploráramos más esta emoción y nos permitiéramos sentirlo más a menudo, ¿No sería más probable que intentáramos canalizarlo en acciones concretas?
Volvamos a la pregunta del inicio: ¿Si algo es vendible, conocido y distribuido masivamente, no puede ser subversivo? Yo creo que sí puede serlo. Vale, Rage Against The Machine fue todo un éxito tanto como cultural como económico, con discos platino, premios Grammy, y recientemente fueron añadidos al Salón de la Fama del Rock and Roll. ¿Pero acaso cualquiera de esas cosas hacen el enojo que transmiten y la tajante crítica y denuncia política de sus letras menos fuertes? Si decimos que tener éxito y reconocimiento es sinónimo de perder toda credibilidad o validez crítica, ¿no suena esto a la izquierda conservadora y purista que no ha logrado nada? Y quién sabe, quizás la música de Rage Against The Machine ha hecho mucho al lograr distribuir de manera masiva letras provocativas y denuncias de violencia e injusticias, ayudando a darle más difusión y visibilidad a estos temas, quizás incluso así provocando que algunas personas investigaran más al respecto y se unieran a protestas colectivos o movilizaciones, y al ayudarnos a conectar con esa emoción que tanto nos hace tanta falta sentir.

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