Trazos de una utopía tecnocapitalista: un escenario hipotético en «Colapso» (1994), por Nick Land

Advertencia inicial: Los fines del texto de Land no se limitan a las intenciones enfatizadas aquí como crítica del capitalismo. He recuperado mezquinamente tales observaciones para conformar un todo congruente de contenidos recurrentes en la producción landiana sobre la realidad en consideración.

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La recurrente entrega a la contemplación del estado del mundo, para Nick Land en el lejano año de 1994, se cifrará finalmente en su comprensión del “colapso”. Este colapso se produce en el paso de la historia, una historia dada en función de las condiciones del tecnocapitalismo y la axiomática moderna que imprimen las condiciones para conceptuar el progreso hasta la comoditización (es acaso la «racionalización renacentista» del relato utópico de la Tierra con el que abre su ensayo). Esta historia está marcada por los mercados en los que concursa la realidad vuelta producto; una comoditización que tiene su tope en la manufacturación de la inteligencia misma, condición humana en la que se juega la superación de la abstracción a la que refiere el término “humanidad”.

          Efectivamente, para Land, el presente tiene impresa la marca de la cibernética, esta comprensión de las formas de poder y relación entre máquinas y organismos vivos. Es de tal modo que nuestro autor no tardará en presentar las líneas de comunicación, dentro de la “singularidad” tecnocapitalista —el punto de inflexión generado en el que la tecnología ha redefinido la condición humana en sus fundamentos reales—, entre la producción de la inteligencia artificial y la reconfiguración de las relaciones orgánicas y humanas. Este evento hipotético es el ejercicio futurológico que lo aproxima a la crítica de las condiciones materiales en el capitalismo contemporáneo.

          Así describirá Land el colapso: «síndrome chino-planetario, disolución de la biosfera en la tecnosfera, crisis terminal de la burbuja especulativa, ultravirus y revolución despojada de toda escatología cristiana-socialista (hasta su núcleo de seguridad arruinada)» (p. 50). Están aquí presentes una de las claves de su visión que posteriormente recuperará en ensayos como «Crítica del miserabilismo trascendental» (2007); esto es: el abandono de una revolución en términos teleológicos tras el rechazo de los grandes relatos modernos de los que son deudores las alternativas revolucionarias en consideración (al menos, aquellas “preaceleracionistas”). Vemos recuperada nuevamente la afirmación del cambio del orden biótico supeditado al desorden producido por la tecnología de tal futuro y, por supuesto, los aspectos económicos trastocados por la presencia de China y la crisis generada por la burbuja especulativa (podría figurarse en las crisis de la especulación en los precios del petróleo, en la burbuja inmobiliaria en países industrializados occidentales como Gran Bretaña o la misma burbuja puntocom de finales del siglo pasado).

Sea como sea, no es de interés afirmar si Land tuvo razón, pues este no es un ejercicio especulativo del porvenir realmente dado, sino un escenario omniabarcante del que se destilan múltiples consideraciones, pero solo inaugurado bajo las condiciones iniciales marcadas (la “singularidad tecnocapitalista”); es decir, nada de lo aquí dicho refiere necesariamente a un diagnóstico del futuro y la recuperación total o parcial de sus observaciones en retrospectiva no es obligatorio para la apreciación de la hipótesis expuesta.

En esta singularidad, Nick Land tiene claro el papel traído “desde el futuro” que el esquizoanálisis deleuzoguattariano posee, no solo para el examen adecuado de la misma, sino para su propia configuración; está presente en las rutas no lineales que se definen desde la aparición de El anti-edipo en 1972 (Land relaciona su uso en la «nanoingeniería no-lineal» como campo ineluctablemente cibernético). El análisis por diagramas, en contraposición de la evaluación de Ideas —«platónico-fascistas» de la filosofía—, del esquizoanálisis reconoce las nuevas formas de relación suministradas por la red tecnológica, la combinación de los elementos orgánicos confundidos con la virtualidad. En la comprensión de esta nueva organización mundial, el Cuerpo sin Órganos (CsO)[1] deleuzoguattariano obtiene su realidad, es la aparición de “singularidades maquínicas” traídas a este nuevo mundo posibilitado por el tecnocapitalismo.

Finalmente, Land presentará la mayor expresión de la continuidad entre colapso y esta organización propiamente capitalista en la siguiente cita: «El colapso posmoderno de la cultura hacia la economía es provocado por la trabazón fractal de la mercificación y las computadoras» (p. 54). La vinculación de los campos de la cultura y la economía en un continuo posibilitado por las condiciones de la singularidad: el colapso cultural que reformula las líneas de comunicación entre máquinas y organismos (cibernéticamente) obtiene su expresión en la nueva economía, una marcada por la comoditización de toda la realidad, hasta la misma inteligencia que pasa a ser algo más que humano.

En un completo espíritu antihumanista, Nick Land encuentra su utopía, la superación de las dinámicas sociales humanas actuales como fruto del capitalismo engendrado, una máquina con vida propia. La era cíborg inaugurada.



[1] Es evidente que el concepto de Deleuze, expandido junto con Guattari en Capitalismo y esquizofrenia, representa para Land la forma organizacional de la nueva dinámica social en la singularidad tecnocapitalista. La confirmación de su relevancia la encontramos en el reconocimiento del esquizoanálisis como configuración de la organización social que deviene en la aparición de los CsO.


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