En Tepoztlán hay Pitufos.

El día que fui a Tepoztlán me salí de la carretera. Si, una curva mal tomada y mucha suerte para sólo terminar con medio coche entre el pavimento y una zanja de lodo. Este suceso que viví abrazada por Fortuna me hizo llegar finalmente a mi destino con una revolución de emociones. Curiosamente este tortuoso camino desembocó en justo lo que, sin saberlo, necesitaba: El oasis de los pitufos. Azúcar, flores y muchos colores fue la fórmula perfecta para convertir a Tepoztlán en el refugio de los más inventados y el elemento equis el ingrediente secreto para dar vida a unas criaturas extrañas de polvos multicolores basculadas por un líquido sabor mora azul. Estas alimañas se venden bajo la promesa de que su contenido te hará olvidar que tu vida es una mierda y al menos ese fin de semana podrás ser todo lo feliz que has publicado por lo menos en los minutos que dura el efecto de tu pitufo desangrado. 

Todos llegamos a Tepoztlán en busca de algo, cual peregrinación a la Meca. Unos en camión, otros en auto, pero claro bien arreglados para el encuentro de lo anhelado. Una pirámide entre montañas totalmente subsumida con recuerditos de cuarzo para que apagues las malas vibras. Aquí el capitalismo se ha tragado el lugar que alguna vez fue sagrado para vomitar un montón de promesas fetichizadas de paz. Las puedes encontrar en forma de temazcal, lectura de cartas, ángeles, yoga al amanecer y ¿por qué no? después una michelada. En fin, es como Disneyland para todos los que han vendido su alma al agridulce contrato del salario promedio mensual, que están listos para perpetuar su estatus en una foto del atardecer con una piscina de fondo. ¡Qué afortunados! Todos estos peregrinos buscando animados un oasis a su triste realidad naturalizada. ¡Qué animados! Por tener el ímpetu de ahogarse en aquel animalillo azul del olvido. ¡Qué maravilla! Aquellos que pueden olvidar lo esclavizante de su trabajo perreando hasta el piso. ¡La envidia! Pero no de sus voluptuosidades, ni de sus likes, definitivamente de esa incapacidad neuronal de verse engullidos por el yugo del capital. ¡Envidia! Si y mucha de que la bebida pitufina, la vida de ensueño, la mercancía espiritual y el dinero no sea suficiente para aguantar esta realidad.

Sin embargo, no se puede culpar a nadie de este fenómeno tepoztleano. Que todos busquemos una válvula de escape, sin importar su naturaleza, para nadar en el dulce mar de la felicidad, de la paz mental o del alivio momentáneo (como quieras llamarlo), es más un síntoma que el verdadero problema. En realidad, lo que nos tiene naufragando entre la depresión y la ansiedad es un problema tristemente sistémico y si, nos pega a todos. Incluso si eres un inventado que tiene internalizado el discurso. Incluso si eres esa persona, necesitas esas largas vacaciones como una bocanada de aire para un ahogado. El propio juego del capitalismo tiene en sus reglas implícitamente dejarte roto, loco o muerto en vida. Como entes usados tenemos que encontrar nuestra propia cura a este retorcido juego. Pero ojo, no es suficiente hundirte en tu veneno o disociación favorita es necesario que abras los ojos a que esta tormenta que te acecha y te quita el sueño también es política.


Comentarios

  1. Me gustó mucho este texto, me hizo reflexionar acerca de la fetichización de la paz. Donde un lugar de consumo es vuelto un lugar de calma para las almas desorientadas por su día a día.
    Me gustaría agregar un apartado al texto, pensar así en comunidad, uno que yo le pondría:
    "El nuevo Cobalto o Kobold el pitufo".
    El cobalto haciendo alusión a los recuerditos preciosos de cuarzo como piedras que nivelan la "energía humana" agotada y por otro lado, el pitufo, ese elixir que tienen el mismo fin.

    I.-Microhistoria (parte 1): el antiguo azul-cobalto.
    En siglos pasados antiguas culturas buscaban la manera de pintar las cerámicas y vidrios con un azul intenso. Para ello se servían de un mineral llamado cobalto. Jugando a equivocarnos podríamos decir que buscaban intensificar ese color de la vida y movimiento, de lo que fluye líquidamente. Querían agregar este color vivo a sus objetos (Quedémonos pensando en este suceso).
    Pasaron los años y los objetos se reconfiguraron, ahora son otros. Pero los objetos que hoy existen y que tuvieron lugar en la historia de los objetos como mercancías no eligieron ser objetos, sino que se objetivaron a partir de las relaciones socio-económicas. Estos ya no tenían azul cobalto, pero tendrían otro azul fundamental para su existencia. Esto se señala bien en "En Tepoztlán hay pitufos".

    II.-Enajenación-El hombre engranaje
    Los objetos del presente que sirven de engranajes para que la maquinaria económica funcione son objetos que se levantan por la mañana, con ojos rojos y resecos, con dolor de cabeza por no haber dormido bien o quizá por llegar agotados a sus hogares y con estrés de por medio. Están completamente despersonalizados, su ontología no se constituye a través de una realización que les dé plenitud, sienten que les falta algo. Nos recuerda esa cita de Marx que dice que «El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa.» haciendo alusión a la facultad vampírica del capitalismo de absorber energía del cuerpo y alma agotando la existencia de sus víctimas.

    Estos objetos despersonalizados quieren sentirse realizados existencialmente, pero se enfocan sólo en su producción, en su eficiencia. Algunos al verse en el espejo viven el terror kafkiano de sentirse como insectos humanos, minúsculos bichos confundidos, pero indiferentes. Porque lo primero que hacen al despertar es revisar su teléfono celular que pagan por pequeños pagos burocráticos que se vuelven infinitos. El terror kafkiano, dice Borges, es el terror por lo infinito, por lo indeterminado, por aquello que se alarga tanto que no sabes cuándo va a terminar. Estos minúsculos bichos o piezas de engranajes capitalistas viven en el terror y no lo saben o peor aún, les es indiferente. Ellos no saben que tienen en su cabeza, no saben qué parásito les invadió la vida. Incluso podríamos decir que algunos identifican bien a ese parásito, pero de todas formas en muchos casos ya no les importa. Aquellos engranajes humanos no saben cómo dejar de pensar en su trabajo, no saben cómo dejar de existir para el trabajo que ya los aprisiona, no saben cómo o si es posible arrancarse de sus deseos los modos de vida que impone el modelo económico. O peor aún, les es indiferente. Sólo saben que quisieran arrancarse ese pensamiento o mejor aún, toda su cabeza, toda el área colonizada y metamorfosearse en un acéfalo. En esta época ser acéfalo se torna una esperanza. Pero antes de que la vida les sea arrancada deben ir a trabajar—Eso piensan—, tienen gastos que cubrir para seguir viviendo en el terror, tienen que terminar de pagar su teléfono móvil, pero ya están pensando en cambiarlo por el último modelo que salió porque sólo así los voltearan a ver aquellas personas que quieren ser vistas por las mismas razones.

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    1. I.I.-Micro-historia (parte 2): ¡EL AZUL-COBALTO ES UN PINCHE KOBOLD ALAVERG4!
      En la cultura popular alemana se contaba una leyenda entorno a las piedras de cobalto, pensaron que había un espíritu maligno en ellas, esto debido a que quienes entraban en constante contacto con ellas enfermaban. Se dice que de ahí adquirió su nombre este mineral, del demonio Kobold (palabra que suele usarse para decir "duende"). Desde ese entonces culturalmente se cargó de significado mítico un tipo de objeto mineral. Lo que Marx llama como fetiche (tomar una cosa por otra o darle un valor a algo que en realidad no lo tiene).

      II.I.-Esperanza-fetiche
      Muchos que en esta época se sienten como cosas y objetos vaciados están sedientos de esperanza, desafortunadamente algunos asesinaron su esperanza, pero sólo continúan. Pero los que tienen esa sed realmente quieren aferrarse a algo que pudiera ser trascendente. A falta de algo grande, hicieron pasar por trascendente cosas que no lo eran, esto es, fetichizaron su esperanza ¿Pero esa sed de esperanza bajo que objetos se fetichiza hoy día? "Dios ha muerto" y por ello la fe está en las miches, en las piedras que nivelan energía y en el fondo el fin es el mismo, buscar una paz en una vida.

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    2. I.II.-Microhistoria (parte 3): Tepoztlán, lugar sanador y lleno de fantasías.

      Cuenta los antiguos relatos prehispánicos que Tepoztlán fue reconocido como un lugar sagrado, pues ahí nació Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Un lugar donde se hicieron rituales mágicos y trascendentes... Es por ellos que pasado el tiempo la tierra se santificó en la leyenda. Sin embargo, la época de las mercancías profanó lo sagrado, pero para ser sagrado de otra forma, para darle otra magia, otro fetiche distinto al religioso. ¡El imperio del capital está presente! Y aquellos heridos sistémicamente por el sistema de mercancías y acumulación buscan la paz en experiencias sanadoras vueltas mercancías: "Todos llegamos a Tepoztlán en busca de algo, cual peregrinación a la Meca" ("En Tepoztlán hay pitufos", Renata Maturano).
      Sanar... Sólo sanar... ¡Eso les prometieron quienes hirieron, el verdugo quiso ser sanador! El mismo que hiere almas promete que sus violencias pueden ser sanadas bajo su recomendación.
      Aquí se encuentra "una pirámide entre montañas totalmente subsumida con recuerditos de cuarzo para que apagues las malas vibras. Aquí el capitalismo se ha tragado el lugar que alguna vez fue sagrado para vomitar un montón de promesas fetichizadas de paz. Las puedes encontrar en forma de temazcal, lectura de cartas, ángeles, yoga al amanecer y ¿por qué no? después una michelada. En fin, es como Disneyland para todos los que han vendido su alma al agridulce contrato del salario promedio mensual, que están listos para perpetuar su estatus en una foto del atardecer con una piscina de fondo. ¡Qué afortunados! Todos estos peregrinos buscando animados un oasis a su triste realidad naturalizada. ¡Qué animados! Por tener el ímpetu de ahogarse en aquel animalillo azul del olvido." ("En Tepoztlán hay pitufos", Renata Maturano)".

      Y aquí se encuentran los pitufos hoy día fabricados para quienes tienen sed de esperanza... justo para ellos. Justo para quienes piensan la esperanza en las mercancías. Justo para ellos el azul, el azul que fue un color para dar vida en la antigüedad, el azul que fue un demonio (Kobold/duende) que causó temor, el azul combinado de ambos es un duende mágico, un pitufo sanador. Una sustancia mágica que promete una experiencia agradable, olvido y paz... pero sólo anestesia con ansiolíticos líquidos el cerebro triste, el cuerpo agotado y la voluntad desconcertada. En el fondo la historia del azul ha tenido fetiches distintos. Pero hoy está presente en la paz hecha fetiche, el paraíso folclórico de Tepoztlán, la fe en esos elixires o la misma fe en las "piedras preciosas" que tienen un poder mágico que otorga a los portadores "protección energética" o curar un corazón roto. No me sorprende que sea así lo que se busca en ese elixir o en ese cristal, pues en el capitalismo todos viven con el corazón roto de algún modo. Todos los que alguna vez internalizaron la idea de vivirse, habitarse como fracasados debido a que no consiguieron el éxito anhelado.

      Esta microhistoria vivida por muchos invita a pensar la paz, la esperanza y la vida de otro modo...

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