Confusión desde Caín

 Caín dijó a Yavhe

"Mi castigo es más grande de lo que puedo soportar.

Tu me arrojas hoy de esta tierra y me dejas privado de tu presencia.

Si he de ser errante y he de andar vagante cuallquiera que me encuentre me matará".

Yavhe le dijó " No será así me vengaré de siete veces de quien mate a Caín" Y Yavhe

pusó una marca a Caín.

Me agradan los símbolos paroxísticos que se aproximan al silencio, murmullos estremecedora por la multiplicidad de interpretaciones, en ellas siempre se escucha el habla del demente profeta en espera de un apocalipsis, Gritará " ¡Lo sabía, lo sabía" feliz por ver la confirmación de su profecía apesar de que está sea una del fin de los tiempos.La manera de escribir al vuelo. Llena de desesperación es típica de quién se haya cansado por la acumulación de respuestas inútiles, apenas constructivas.El intento de dar peso a una frase, a un libro, a una idea es un ansia de fenecer por dolor en las ideas, partido por el dolor de vivir, el autor, de labios tremulos, se escurren entre murmullos futiles para olvidarse de sí mismo.

El "sí", el "no" adverbios que reflejan el ego de las personas, cómo si las disposiciones anímicas del individuo no palidecieran frente al abismo de ruido que es el mundo, la marca de Caín está también en las ciudades, Henoc era una creación del homicidio, una alegoría bella para describir todo acto civilizado como resultado de una crueldad perversa sin igual. Al escribir ¿Land no será un Sádico acobardado por su propio goce? No importa realmente. 

Es bello escuchar a un suicida apunto de alcanzar el arma y ver en él un último destello de calurosa esperanza. Pensar que no estamos atados por una condición propia a una crueldad que siempre es o demasiada corta o muy corta, veo en Land un digno hijo de Caín pero no a Caín, será Henoc o Lamec o Tubal Caí pero nunca Caín, nunca fundador de ciudades, pródigo de crueldad.

Me molesta su arrepentimiento a posteriori, pero pienso que es propio de los amigos el cansarse del contacto, el ansiar el silencio, la hecatombe de un momento y respirar unidad por gracia de la crueldad manifiesta en el habla, saludo al hipócrita, al hermano mío que se regocija imaginando armadas decapitadas, o frente al patíbulo, saludo a la gota que cae del pesado nubarrón en espera del rayo. Saludo a Land como un demonio más en el infierno, blasfema ingenuamente, cómo los niños, su promesa no es más que una reafirmación de un principio del humano, no una ruptura, pero ¿Cómo romper con lo que no se entiende? ¿Cómo se podría entender algo bajo un farraho atroz de palabras? No espero el fin, se que no es mío, no espero la recta porque está definida, desprecio a los profetas pues ansían mucho el cumplimiento de sus profecías, pero me alegra el Buffon que teme y no acepta, es un comienzo que se despliega cándido, inocente y acalora como sientos de candelas iluminada en un solo momento, pero aún no es sol, ni ocaso ni amanecer.

Lloré al leerlo, me movió su ansia suicida. Pero su refugio es pequeño se derrumba con la muerte, su amor es pequeño como el de quién teme, su desprecio es vulgar, típico de un romántico inglés que hipocondriaco y perdido sueña con eliminar sus convenciones y las de las masas que lo rodean, Walpole a falta de Gothe. Kleist a falta de Byron, pero dejemos a los ingleses sumirse en su pesimismo. Mi disposición es la del loco que grita en una cueva vacía, tomando al eco como a un otro y conversando a solas, nada de luz, solo ceguera placentera de quién se sabe perdido y no quiere encontrar un camino seguro.

Quién no se pierda estimese descendiente de Caín y no Caín mismo, atado a una ciudad en incapaz de parir en la gracia de la crueldad.

  

Comentarios

  1. Pensar a Nick Land como un "gran bufón" no está muy lejos de la forma en que yo mismo lo he asimlado. Su "desaparición" de la escena académica me parece análoga a la de Mark Fisher, pero en mood bufón. Lo que allá es la desesperación política del ánimo, aquí es un flujo impersonal acelerado, el duelo axiológico que se torna una "killling joke". Y tienes razón, Nick Land pareciera un epígono de Caín, de la grave tradición que oscurece los valores, pero el paso de la apariencia a la afirmación sería un exceso, el mismo Land evitaría el golpe con un grácil movimiento. Esa es su fuerza, y su perdición, un principio de suficiencia que nos hace pensar que lo sabemos-podemos todo, cual demiurgos hipersticiales. La comunidad lo pone en la encrucijada. Aunque él no lo quiera, somos su comunidad, somos esa mota ontológica afectada por el mismo nihilismo virulento, por la misma crueldad en el habla y en la escritura, engullidos en las mismas fauces nouménicas. Así, ¿contra Land?, afirmamos la desobra que nos articula, e impugnamos la comunidad que nos separa.

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