Portar un arma y no dispararla: ‘that’s really dandy’

Por Emiliano Vargas


«[…] ¡Antinoos marchitos, dandis de rostro glabre, 

Cadáveres barnizados, lovelaces canosos, 

El alboroto universal de la danza macabra 

Os arrastra hacia lugares desconocidos! […]»


(Charles Baudelaire, Las Flores del Mal, XCVII) 


Querido Dandi: 

¿Bajo qué nombre se esconde tu deseo? Entre vestidos eclécticos, entre rituales iniciáticos, buscas un amor que te conduzca a la muerte. Entre gestos rebuscados, mano en la cadera, mirilla en la misma altura, apuntas un arma lo más old fashion que pudiste encontrar. Y apuntas y no disparas. Para un verdadero dandi un arma sólo tiene sentido en tanto no puede ser usada, sino sólo blandida, adornada, estudiada y bautizada. Tanto has reinventado las categorías de este objeto que le escribes toda una confesión amorosa buscando que tu pequeño revolver afeminado termine escupiendo el metal en tu pecho... y lo logras. 

* 

Dandi 

Dentro de la obsesión —derivada entre fascinación y repulsión— que Lars von Trier mantiene por Estados Unidos, existe una película olvidada y enterrada entre las estrellas de la filmografía del director danés. Olvidada porque no es una película dirigida por él, sino que es una hija de dos padres: escrita por Trier y comandada por su amigo de megalomanía cinematográfica, Thomas Vinterberg. La dupla nos trae una colaboración más, una hija bastarda de lo que alguna vez figuró en el Dogma 95, traicionando varias de las reglas fundamentales de sus Votos de Castidad, en especial aquella que prohibía que el filme contuviera acción superficial que, para ambos cineastas, se daba gracias a dos factores incrustados en casi todo filme blockbustero: los asesinatos y las armas. 

Dear Wendy (2005), western en formato digital sobre el gran fetiche gringo — armas de fuego— llevado a tal grado que todo crítico gringo la odia, nos presenta a un grupo de muchachos hastiados, unidos en una comunidad con un ideal de primeras contradictorio: se reconocen como pacifistas con armas. Al margen de todo, estos muchachos se reúnen en las olvidadas entrañas oscuras de una mina, siendo ahí el único lugar donde sus armas pueden ser desenfundadas y disparadas —tienen la certeza de que, si las armas son expuestas a la luz, ellas despertarían y buscarían amar a alguien—. En la guarida fundan toda una sociedad en torno a su fetiche por las armas, autonombrándose The Dandies. Existe toda una liturgia que el dandi debe seguir. El dandi debe encontrar un arma, su nueva erotes y compañera íntima, se procura una predilección por las armas con alma, las que tienen historia y trasfondo, no esas porquerías industriales que utiliza la policía; en la iniciación, el dandi debe vestir refinado y elegante, es ahí donde nombrará a su amiga de fuego; se deben utilizar ciertas palabras para hablar como un verdadero dandi —aquí unos ejemplos de tan refinado lenguaje: Asesinar = Amar; Despertar = Disparar contra alguien; Dandi (adj.), de buen gusto, refinado, elegante o muy bueno—, reservando el tartamudeo al hablar para celebrar ocasiones muy especiales. Pero de entre todas las reglas, existen dos imperantes en esta secta: 

  1. 1. Un dandi puede portar su arma, pero jamás mostrarla (mucho menos usarla) fuera de la mina. En el caso contrario, ella despertaría y buscaría amar a alguien.  

  1. 2.Para el dandi, un pacifista, portar un arma es un apoyo moral, una ayuda para mejorar la confianza.  


Amor 

El largometraje de Vinterberg tiene un coqueteo más que obvio con aquellos personajes sobre los que Baudelaire escribía en El Pintor de la Vida Moderna de 1863, —y que se regaría a lo largo de su obra—, los dandis. Toda la película es el recuento en una carta de amor, de lo que Dick Dandelion / Dandi-lion, nuestro personaje principal, vive desde que conoce a Wendy, su pequeño revolver, hasta el momento del despertar de ésta última. Y «Si hablo del amor a propósito del dandismo, es porque el amor es la ocupación natural de los ociosos. Pero el dandi no tiene el amor como fin especial.»1 Este amor Dick-Wendy sólo puede culminarse en muerte Amar=Asesinar—. El amor a propósito del dandismo tiene su única efectividad en que la amada jamás estará disponible para —posibilitada a ser disparada por— el amante: 

Please don´t bother trying to find her 

She’s no there 


Tal es la premonición funesta que el filme marca con la canción de The Zombies. Amor imposible o trágico. La imposibilidad, la ausencia de Wendy, sucede a su vez en el momento en que ella cambia la fidelidad hacia un nuevo dueño: Sebastian, el menos dandi de estos jóvenes y, por tanto, el enemigo jurado de Dick, armado con Wendy, termina jalando el gatillo de la ‘pequeña revólver’ para hacerla amar a su primer dueño, culminando el deseo de Dick: no es el amor como fin especial, es transgredir la prohibición hacia el amor verdaderamente dandi.  


Dandismo 

¿Qué es un Dandi? Aquel cuya única profesión es la elegancia, sería nuestra primera respuesta. The Dandies ocupan su tiempo en la práctica del tiro, en el refinamiento del conocimiento sobre arma y su uso, en la correcta postura del cuerpo al disparar, en los factores que afectan el tiro... para jamás tener que jalar el gatillo contra alguien. Con el entrenamiento-casi-esgrima de blandir el arma, reconocemos que «El dandismo es una institución vaga, tan extravagante como el duelo.»2 Duelo en el sentido más directo, enfrentamiento a lo western que es el desenlace de Dear Wendy: dos pistoleros enfrentándose en una calle desierta, donde aquél que ha llevado hasta el refinamiento —a lo más dandi— sus habilidades, será el victorioso. Aun así, el sentido del duelo puede ser ampliado. El dandismo no puede ser reducible al gusto por las telas, los perfumes y maquillajes. La elegancia y los vestidos, los asuntos materiales de un dandi, sólo son «[…] un símbolo de la superioridad aristocrática de su espíritu.»3 Y queda claro que el dandismo es una búsqueda de superioridad de espíritu, cuando en el filme se lo remarca con la regla dandi sobre el arma como un apoyo moral. Baudelaire, nos presenta al dandismo como una institución marginal, nacida entre los hombres hastiados, dolientes y melancólicos, en cuyos pechos arde la necesidad de una originalidad más allá del sentido común. El dandismo es una institución creadora de sus propias leyes, llevándolo a dos extremos: lo sectario y lo religioso. The Dandis, reconoce las dos formas de este duelo: rebeldes desde su fuga, destructores de lo banal al tiempo que se procuran bellos vestidos, creadores de su liturgia y leyes. Manteniéndose hasta las últimas consecuencias, es decir, la gran hazaña dandi que hará despertar sus armas en contra de la policía.  

De entre los estudios obsesivos, principalmente sobre armas, que The Dandies realizan, existe aquel sobre una tribu que, en el momento previo a una batalla con los soldados estadounidenses, autoinfligían daño en sus cuerpos —se cortaban, y después se ataban los testículos con cuero— para enardecer su coraje y valentía. Es el dolor lo que los hacía más fuertes. Si el dandismo es una institución que converge en lo metafísico, diremos que, también «En ciertos aspectos, el dandismo limita con el espiritualismo y el estoicismo. Pero un dandi nunca puede ser un hombre vulgar. Si cometiera un crimen, es posible que no cayera en desgracia; pero si ese crimen proviniera de un origen trivial, el deshonor sería irreparable.»4 El crimen que nuestros dandis comenten es el duelo final, enfrentarse a tiros con la policía para completar su misión. Hacer que la abuela de Sebastian logre reunirse de nuevo con una familiar a tomar café, es sólo el pretexto para lograr la culminación espiritual de The Dandies. El corte que ellos realizan en sus brazos procurándose el dolor es el gesto estoico del dandismo, que levanta los ánimos antes de la batalla final del crimen honroso. Aún más, se debe llegar a la insensibilidad, pues «[…] la palabra dandy implica una quintaesencia de carácter y una inteligencia sutil de todo el mecanismo moral de este mundo; pero, por otra parte, el dandi aspira a la insensibilidad […]»5 


Perinde Ac Cadaver 

Así es como llegamos a uno de los atributos más enigmáticos del dandi, la obediencia. «La regla monástica más rigurosa, la orden irresistible del Viejo de la montaña que ordenaba el suicidio a sus discípulos embriagados, no eran más despóticos ni más obedecidos que esta doctrina de la elegancia y de la originalidad [el dandismo], que impone, ella también, a sus ambiciosos y humildes sectarios, hombres frecuentemente llenos de fogosidad, de pasión, de valor y de energía contenida, la trrible fórmula: Perinde ac cadaver6 El dandi, sectario vigoroso, llevará hasta el final, con ferviente obediencia o a la manera de un cadáver, el peso a lo funesto del compromiso con el dandismo. Que Baudelaire rescate y colisione un valor de los consumidores de hachís —los asesinos o hashshashin— y un valor cristiano para ponerlos en contexto del dandismo nos recuerda esa pretensión espiritual o metafísica de la institución. Así, podremos entender de dos formas la locución latina Perinde ac cadaver, a saber, como la total disposición y disciplina al modo que lo enunció Ignacio de Loyola en sus Constituciones De La Compañía De Jesús: «haciendo cuenta que cada uno de los que viven en obediencia se debe dexar llevar y regir de la divina Providencia por medio del Superior, como si fuese un cuerpo muerto»7; Así como la total disposición al dolor y al martirio como signo de obediencia tal como lo entendían los padres del desierto. Todo un código de caballería que hace que nuestros Dandies realicen su último acto a pesar de la muerte. 


* 

«El carácter de belleza del dandi consiste sobre todo en el aire frío que proviene de la inquebrantable resolución de no emocionarse; se diría un fuego latente que se deja adivinar, que podría pero que no quiere irradiar.»8 Querida Wendy, el fetichismo mortal-amoroso de portarte y no usarte... «Eso es lo que, en estas imágenes, está expresado perfectamente.»9 

And that´s really dandy 




Bibliografía: 

Baudelaire, C. (2021). El Pintor de la Vida moderna. Alianza Editorial. 

___________ . (2016c). Las Flores del Mal. Alianza Editorial. 

San Ignacio De Loyola. (1977). Obras Completas. Biblioteca de Autores Cristianos. 

Comentarios

  1. Trier y Vinterberg han elegido lo que Baudelaire situaría en una versión ampliada de la familia de ojos, un par de órbitas vigilantes por cada estómago. Y si bien en Dear Wendy hay una cafetería que hace las veces de referencia urbana, dista mucho de aquella del poema en prosa de Baudelaire. En la película, la belleza está ausente (como vocifera la rola de los Zombies), o bien emplazada en otra latitud urbana, lo que hay es un almacén minero, olvidado y obsoleto pero embellecido con los ritos propios de los dandis. El mundo es el almacén olvidado por los dioses, reclama su ocupación por la inteligencia estética del artificio.
    La sátira no debe distraernos de la condición paria de cada uno de los dandis que, sin proponérselo, han desobrado todo sentido. Tullidos y fracasados, vetados al cálculo aritmético y mercantil, huérfanos en mood old fashion, marcan la altura de la espiritualidad humana. Hastiados, sin duda, pero raudos en la "piste du bonheur", sin dinero pero plenos en esa cualidad que distingue a los ociosos: el amor caprichoso e inútil ("dear Wendy...").
    Así, la entrega post-Dogma95 concreta las líneas baudelaireanas: "El dandismo es un solo poniente; como el astro que declina, es soberbio, sin calor y lleno de melancolía".

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  2. Tu texto resulta muy esclarecedor acerca de la dinámica erotico-fantastica que subyace bajo la figura del dandi. "¿Qué es un dandi? Aquel cuya única profesión es la elegancia" esa frase fue la que me aclaró todas las dudas acerca de lo que es el dandismo.

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