Llorando por un fantasma

 Me encontraba caminando por las calles mientras cargaba basura en mis manos, caminé por 10 calles sin encontrar un solo bote de basura, de manera inicial no pude contener mi enojo. Me encontraba incapaz de entender por qué había caminado por 10 calles sin tener la fortuna de encontrar más que espacios vacíos que daban la impresión de que en algún momento fueron ocupados por botes de basura. 

De manera inicial actué estúpidamente, pero después de un poco de reflexión llené el espacio vació con un bote hipotético y concebí que la razón por la que no podía encontrar un bote de basura era porque cuando los hubo la gente se los robó.

¿Por qué alguien se robaría un bote de basura? Estoy constituida de incomprensiones, quizá por mi privilegio, no lo sé, pero al final, esa angustia respecto a la falta de bote de basura en mi presente debía ser solucionada. No hay botes de basura, porque si hubiera botes de basura la gente se los robaría y la gente se robaría esos botes (si los hubiera), porque la gente no tiene, no puede, no sabe cómo conseguir solvencia económica, la gente está en situaciones tan alarmantes que se ve en la necesidad de robar botes de basura, para venderlos en el fierro viejo por dos pesos para poder comprar algo de vida, aunque sea acosta de mí, que quiero tirar la basura. Sin embargo, eso está bien, porque que yo cargue la basura hasta mi casa no se compara con la dificultad de la vida la gente.


Pero ¿por qué la gente tendría tan poca solvencia económica como para tener que verse obligada a robar los botes de basura?  Claro, porque el sistema político, social, económico en el que estamos inscritos los tiene sometidos, oprimidos, los tiene en una forma de neoesclavismo, en el que son esclavos sin saberlo, no tienen tiempo para saberlo, están demasiado ocupados robando botes de basura, están demasiado ocupados sobreviviendo. Yo también me encuentro sobreviviendo y es por eso por lo que, hasta ahora, que me sucedió algo tan banal como el espacio vacío de los botes de basura me permito reflexionar sobre nuestra situación (la de la gente, que ahora es mía también). 


No termino de entenderlo, ¿por qué estaríamos neoesclavizados?, pienso en los países que se encuentran lejos del mío, esos de los que no sé nada, pero en los que proyecto la imagen de la vida ideal, la vida como debería ser, no la vida como es, no como la estoy viviendo. La imagen de la vida ideal me pesa, me ahoga. Me puse a llorar, lloré porque no estoy viviendo en un mundo que no existe, en un mundo que no conozco y que además no podré conocer. Lloré porque un bote de basura fantasma me hizo pensar en un poblado de fantasmas que se roban el bote de basura. Aún lloro porque él hubiera, que no existe, me hizo pensar en una concatenación de más hubieras que finalizaron en lo que debería ser, pero no es. Aunque quizá solo lloro porque no quiero cargar más con mi basura mientras estoy en la calle.

Por: Vaselisa Tep Nembhard

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