Soledad Moderna
Byung-Chul
Han en su libro En el enjambre
describe la soledad actual como un espejismo, nos pensamos siempre acompañados
mientras nos mantenemos conectados o “en línea” y respondemos hasta cinco chats
con diferentes personas. Sin embargo, la sociedad digital bajo una estructura
panóptica, se alimenta de la sobre producción de información, bajo una falsa
premisa de libertad: “La propia
explotación es más eficiente que la explotación ajena, porque va unida al
sentimiento de libertad”. La idea que sostiene Byung-Chul Han me hizo
recordar la película Aloners (2021) de la directora surcoreana Hong Sung-eun
que retrata de forma precisa la soledad que aqueja en las grandes ciudades.
La motivación de esta película surgió a partir de un término, acuñado con mayor fuerza durante la pandemia del COVID-19, entre los jóvenes coreanos “Honjok”,Hon significa solo y Jok tribu. Hace referencia a la decisión de continuar en solitario la vida: sin pareja, sin hijos, pocos amigos, poco contacto familiar y destinar el mayor tiempo a las extenuantes cargas laborales.
A lo largo de la película la protagonista se resiste
a momentos de sociabilidad, conversar con su vecino, mirar a los ojos, hablar
con su padre o contestar lo meramente necesario en sus llamadas laborales. Sin
embargo, esta soledad es contradictoria pues se mantiene siempre conectada a su
teléfono, come mientras visualiza a personas en la pantalla, observa a su padre
a través de una cámara de seguridad, duerme con su televisor encendido para
acompañarla con ruido de fondo. En una sociedad hiperconectada se evita el
contacto con personas reales, el medio digital nos aleja cada vez más del otro y se sacrifica la comunicación corporal
que, de acuerdo con la ciencia, se trata de una capacidad adquirida desde la
infancia que nos permite distinguir rasgos faciales como enojo, tristeza o
alegría.
De
acuerdo con Byung-Chul Han, el núcleo de la comunicación se encuentra
en las formas no verbales, nos brinda la pluralidad de dimensiones de la
percepción humana al utilizar todos los sentidos “El medio digital hace que desaparezca el enfrente real”. Aloners recurre
a esa añoranza de espacios llenos de personas que se mantenían atentos a un
evento que todos observaban y ahora esos espacios concurridos se ven permeados
de pantallas de celular que graban solo para nutrir redes sociales.
Nos alejamos de la mirada del otro, que nos reconoce y nombra; se trata de un reconocimiento que solo puede provenir del otro. En la obra La condición humana, Hannah Arendt postula el discurso como eje central en su concepto de acción política, sin embargo el discurso al que refiere Arendt requiere de la presencia corporal del otro:
“Con palabra y acto nos insertamos en el mundo humano, y esta inserción es como un segundo nacimiento, en el que confirmamos y asumimos el hecho desnudo de nuestra original apariencia física.”
Estamos
frente a una soledad que nos sonríe como éxito individual, en conversaciones
sin cuerpo ni rostro que si bien produce un espejismo de estar acompañados
también se intensifica el sentimiento de soledad. Quizás existe un grupo, como
alude el titulo de la película, pero se trata de hombres solitarios que vagan
como fantasmas.


Nuestra sociedad es la más conectada de la historia pero aún así la más solitaria. Tu entrada me hizo recuperar una reflexión que he tenido sobre la educación a distancia. En la pandemia ayude a mis primitos de secundaria y primaria con sus actividades académicas. Mientras en los dos se resentía la falta de interacción presencial con sus compañeros, sobre todo en la pequeña que es bastante social, también pude ver como es que hacían conexiones virtuales con sus compañeros. Al comparar estas relaciones con las casi inexistentes de la universidad me di cuenta que la edad jugaba a su favor! Mientras nuestra generación era inexperta para hacer amigos digitalmente, ellos se encontraban todavía en su etapa formativa, no tenían modelos predeterminados de socialización y por lo tanto les era más fácil adaptarse o acostumbrarse a otras formas de interactuar con gente. Definitivamente el internet ha hecho un cambio brusco en nuestra sociedad y las relaciones digitales son muy distintas de las que estamos acostumbrados, ¿pero es posible que nos sean especialmente débiles y solitarias por qué no estamos acostumbrados a ellas? ¿Las nuevas generaciones tendrán el mismo problema de soledad? ¿En mayor o menor medida?
ResponderEliminarEn mi caso, tu texto me recordó a Fahrenheit 451, una obra de Bradbury. En ella se plantea una sociedad distópica (porque claro, nos encanta caracterizarla con ese tópico para eludir nuestra cercanía a ese escenario) donde la dependencia a la televisión es el problema. El autor llega a decir que éste aparato es una bestia similar a Medusa, porque cualquiera que la mire queda petrificado.
ResponderEliminarPensemos en esta misma figura y actualicémosla. Las computadoras y teléfonos también son esa Medusa que inmoviliza el pensamiento y la vida misma.
Estos monstruos nos exigen perder la interacción que va más allá de los márgenes de su propia realidad; casi nunca leemos los términos y condiciones de las plataformas, posiblemente escondan entre sus infinitos párrafos: "Acepto la soledad".
No he visto la película pero, por lo que escribes, me gustaría verla. Supongo que se sumará a mi memoria de otras tantas en las que los personajes están entrampados en su condición monádica. Es decir, debo esforzarme por tener claro cuál es la condición de la soledad actual, sus particularidades, su intensidad, (des)vinculación afectiva o significados culturales, pero, creo, la soledad contemporánea conservará el peso ancestral de las soledades que le anteceden, así como de los sentimientos de articulación comunitaria más o menos convencionales. Quizá el desafío esté en acallar el escándalo y desobrar las descalificaciones hechas a los solitarios.
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