El somnífero Pessoa
Poema de la tabaquería: https://hablardepoesia.com.ar/2017/06/06/tabaqueria-fernando-pessoa/
Fernando Pessoa es una figura profundamente melancólica cuyas ideas nihilistas nunca lo dejaron de acechar. La Tabaquería, uno de sus poemas más célebres, empieza de una manera contundente con estos verso:
"No soy nada,
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo."
Aquí se presenta el principal conflicto de todo el poema, la dinámica entre “lo real”, o la vigilia, y los sueños del poeta. Pessoa sabe que el fundamento ontológico de la realidad es la nada y esto le impide actuar. Cree que la metafísica, las religiones y los ideales son menos incluso que la confitería, inventos para justificar nuestra existencia que ante la reflexión develan su carácter ficticio. La futilidad de las cosas lo absorbe y lo deja inmóvil, pero no por eso pierde su impulso de querer hacer grandes cosas.
Este
deseo incrustado en él lo obliga a convertirse en un ser somnífero. Alguien que
se la pasa saltando entre los sueños y la vigilia sin poder residir en ninguno.
Las consecuencias de esto es una melancolía y frustración profunda. Sin
embargo, parece que la nihilidad no es lo único que lo lleva a ser de esta
manera, él ve algo en las cosas que los demás no, logra deslumbrar la espectralidad
en ellas, y él mismo:
“Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco,
me invoco a mí mismo y nada aparece.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, la acera, veo los coches que pasan,
veo los entes vivos vestidos que pasan,
veo los perros que también existen
y todo esto me parece una condena a la degradación
y todo esto, como todo, me es ajeno.”
En varios versos del poema hay un sentimiento de disconformidad y alejamiento con aquello que puede percibir de manera clara, e incluso llamar real. Distingue que no se puede entrar en un contacto verdadero con ello. Además, reconoce que los sueños de su interior se sienten igual, o incluso más reales. ¿Quién es él, aquél que se encuentra escribiendo los versos frente a una tabaquería, o quién se imagina interiormente? Pessoa desvela de manera ligera el mito de la vigilia, pero no logra derrumbarlo por completo para explorar todas sus posibilidades. Al final, el poder interactuar es lo que sacude sus pensamientos, si bien la “realidad” sigue siendo fantasmagórica, eso no impide una relación con ella, lo que devuelve la tranquilidad en algún sentido.
El poema es muy complejo y tiene
ideas que dan mucho de que discutir, pero en lo que respecta a las reflexiones
del curso me parece valioso recuperar su imagen como ser somnífero. Alguien que
reconoce lo espectral de lo “real” y la igualdad ontológica de los sueños.
Alguien que se mantiene entre ambas dimensiones sin poder habitar una por
completo. ¿Es la melancolía nihilista tradicional igual a la del somnífero? ¿Acaso
reconocer los fantasmas y mitos de nuestra sociedad nos lleva a un estado
somnoliento? ¿Cómo es que se puede interactuar con algo a lo que nunca tenemos
verdadero acceso?


Las preguntas del final del texto, las preguntas que se enciman al poema, son chocantes porque nos devuelven a la vigilia de una razón que juega a ser limosnera de sentidos, a extender la mano a cualquier moneda. Pero la miseria de la razón es extrema y no hay premio que la pueda saciar. Las preguntas son chocantes porque son como el zumbido de un insecto fuera del casco, el timbre chillante que nos despierta y nos hace mirar tras la bohardilla, hacia la tabaquería…
ResponderEliminarEl verso del inicio, me recuerda al libro “La intimidad”, del filósofo español José Luis Pardo, el cual inicia cuestionándose ¿por qué ser alguien y no más bien nadie? A lo largo del texto, se aborda la característica humana del “ser”, relacionándola con el lenguaje, en tanto que, tradicionalmente la articulación del lenguaje, es decir, poder emitir más allá de los gritos del dolor o el placer, se ha considerado el rasgo distintivo de los seres humanos. Sin embargo, Pardo propone que es más bien la intimidad, aquello que posibilita ontológicamente a los humanos. En este sentido, hace un listado acerca de aquello que no ha de entenderse por intimidad, siendo la identidad uno de los puntos más relevantes. La distinción entre intimidad e identidad, radica primordialmente en que esta última, nos ancla a todo aquello que queremos ser, a un ordenamiento fijo, jerárquico y significante, mientras que la intimidad son todos nuestros desequilibrios, flaquezas, secretos inconfesables. La intimidad nos hace ser, más que de ser, de sabor; nos sabemos nosotros, en nuestras palabras, pero no en el sonido, sino en ese algo más, que sin ser inefable o incompartible, no se expresa, sino se experiencia. Probablemente, en términos de nuestra clase, podríamos pensar la intimidad, como un fantasmear.
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