Cartografías fantasmáticas de las sociedades de control II: sobre las nuevas posibilidades de la relación entre los afectos y el espacio
En
estos tiempos, todo aquel que posea la capacidad de observar, de sentir y de
discernir, esta potencialmente amenazado por la melancolía, así como por la
tristeza, por el demonio meridiano, la desesperanza que acompaña a las demandas
de erigir un mundo nuevo y a la vez mantener restos del mundo que solíamos
conocer. Tal como el Angelus Novus, de pronto tenemos el impulso por
revivir a los muertos y recomponer todo aquello que yace en ruinas, poner un
freno a la historia y anclarnos a nuestras certezas. Pero la tempestad nos
empuja.
Si
abrazamos la idea de los fantasmas como imágenes que unen el cuerpo con el alma
y configuran la realidad, tenemos un punto de partida, que podría ayudarnos a identificar
los funcionamientos fantasmáticos en las sociedades en las que nos encontramos
situados.
En
este sentido, el cuerpo es un elemento que arroja mucha luz acerca de la
relación que tenemos con los fantasmas. Ejemplo de ello, es la propuesta de
Giordano Bruno, acerca de la materialidad de los afectos. En palabras de
Valentina Bulo:
Pensar la afectividad desde una materialidad parece en principio un contrasentido, al menos si intentamos “rescatar” el orden de los afectos de sus articulaciones con los estratos “inferiores del cuerpo” para desplazarlos lo más posible del lado de las “funciones superiores del alma”. Relacionar los afectos con la materia sería un ejercicio que vuelve a encasillar al hombre, en tanto seres afectivos con “lo más bajo”. A menos que reconvirtamos también la idea de materia y ampliemos de tal modo la idea de afectividad que en ella quepan no sólo los afectos humanos sino de todas las cosas del mundo y además profundicemos con tal radicalidad esta afectividad que ella involucre también los cambios físicos, las pasiones-acciones o el curso de los átomos. (1)
De
esta manera, es necesario preguntarnos acerca de los movimientos afectivos que
posibilitan, conectan, des-articulan y re-articulan los movimientos de los átomos
que dan forma a los cuerpos, los espacios y sus relaciones en las sociedades contemporáneas.
A continuación, en los siguientes parágrafos, se dan algunas impresiones acerca
de dicha construcción material, a partir de los aspectos fantasmales:
Ø a) Cuerpos
abiertos a conexiones con dispositivos tecnológicos.
Ø b) Desarticulación
de la relación sujeto-objeto.
Ø c) Dispositivos
tecnológicos como mediadores afectivos con los elementos humanos.
Ø d) Espacios
híbridos a partir de elementos materiales y virtuales.
Ø e) Producción/consumo
ya no solo de objetos o experiencias, sino de afectos.
Ø f) Desarticulación
del tiempo y la distancia, a partir de dispositivos tecnológicos.
Ø g) Desarticulación
de la realidad como materialidad.
[1] Bulo, Valentina. Pensar la materialidad de los afectos con Giordano Bruno. Galaxia (São Paulo, Online), n. 32, p. 15-25, ago. 2016.
http://dx.doi.org/10.1590/1982-25542016227145


Tengo una duda, ¿a qué te refieres con "cuerpos abiertos a conexiones con dispositivos electrónicos"?
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ResponderEliminarLa interesante reflexión, a partir de Bruno, sobre los afectos y su vínculo con el mundo, en su cruce con las realidades de acompañamiento tecnológico que soportan los cuerpos hoy, me llevó a pensar, en primera instancia, en la "bajeza" de los dispositivos, en su especulada clasificación bruniana entre los entes que "encasillan al hombre". Sin embargo, en segunda instancia, me asalta la intuición axiológica de que, en realidad, los dispositivos no pertenecen a "lo más bajo" sino a "las funciones superiores del alma". Ya no parecen ser simples aditamentos o artículos de lujo (de la "lujuria" del deseo), parecen más bien condicionantes de identidad, ubicación, proyección y relación. La comunidad virtual que sobrevuela por encima de las condiciones de un grávido cuerpo pedestre.