Ante el silencio del mundo, la morada melancólica
Susan Sontag dedica su ensayo Bajo el signo de Saturno a Walter Benjamín, es desde la idea de melancolía que recorre su obra y recoge los fragmentos donde Benjamín hace hincapié a su temperamento saturnino, siempre marcado por una profunda tristeza, como lo describe Sholem. A lo largo de su ensayo, Sontag aborda la irremediable relación que existe entre el genio, el poeta o el mártir con la melancolía: “precisamente porque están obsesionados por la muerte son los melancólicos los que mejor saben leer el mundo”.
Sontag encuentra en Benjamín una forma
específica de relacionarse con el mundo, son las transacciones entre el
melancólico y el mundo las que revelan un significado. La vida acontece y el
discurrir del tiempo solo deja las ruinas y fragmentos de ideas cobijadas por una noche
profunda, se trata del silencio del mundo al que los humanos nos enfrentamos. Este
silencio lleva también a la falta de sentido y ante ello solo queda dialogar
con fantasmas y operar con fantasías, pues como señala Sontag también en su
ensayo, Benjamín se desplaza entre metáforas y
alegorías.
El temperamento melancólico resulta ser la única morada para contemplar el hermetismo del mundo, pues soporta el tedio de la vida bajo un estado de aburrimiento permanente, sin embargo, se trata de un sentimiento difícil de mantener como lo ilustra la obra Prisiones imaginarias de Giovanni Battista Piranesi, los grabados que componen su obra representan laberintos, espacios saturados de escaleras y pasillos que no llevan a ningún lugar. Las cárceles metafísicas que muestra Piranesi dibujan el paisaje interior en la mente del melancólico donde los humores corrompen y el espíritu divaga, siempre de forma solitaria.
aquella realidad insoportable y permite, quizás de forma provisoria, habitar en ella.
El lenguaje es el ámbito o recinto (remplum), esto es la casa del ser. Todo ente, los objetos de la conciencia y las cosas del corazón, todos los seres están a su modo en cuanto entes, en el reciento de la lengua. Por eso, si existe algún lugar en el que sea posible la inversión fuera del ámbito de los objetos y su representación (…) se halla única y exclusivamente en ese reciento.
Sin embargo, Heidegger nos recuerda el peligro
que se corre en la relación con el lenguaje, pues revela a la vez que oculta,
se corre el riesgo de ser engañado y abandonarnos en simples simulacros.


Un texto melancólico, con diversos pasillos y puertas al silencio, como en el cuadro de Piranesi. El texto tiene ese temple que ha caracterizado nuestras sesiones, el delirio narrativo y el pasmo ante el silencio del mundo. Un texto que pone en la misma continuidad a Benjamin y a Heidegger, pasillo de un escándalo, pero que acierta en la evocación de nuestra casa hablada.
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