Reseña: El deseo de ser un hombre. Villiers de L’Isle Adam
(nota: decidí hacer mi segunda aportación sobre esta recomendación que nos dio el profesor para no dejarla morir en el olvido. Es un cuento realmente bueno, si no lo han leído les recomiendo ampliamente que lo hagan para que mis palabras tengan un poco de sentido. el link esta en una entrada del blog, pero igualmente se los dejo aquí)
El deseo de ser un hombre narra la historia de los últimos días de un actor que está desesperado por sentir algo antes de morir.
Aunque el cuento es bastante corto y con una cronología muy rápida, dentro de los detalles encontré muchas cuestiones relacionadas al curso.
En una primera escena, se nos presenta a Lepeinteur Monanteuil, un actor famoso que daba un paseo nocturno por las calles de París. Al pasar frente a un café famoso, se quedó parado en frente de uno de los espejos públicos de la calle y contempló su figura.
Se dio cuenta de que estaba envejeciendo y esto le causó mucho terror y admiración, sabía que pronto tendría que despedirse de todo lo que conocía, de los actos, de los aplausos, de la gloria en la que había vivido gracias a su talento.
Detrás de él había un faro que se reflejaba también en el espejo, y este faro le hizo ver qué en realidad no tenía ningún futuro, que su vida había estado vacía de sentimientos. Lo que más le atormentó fue darse cuenta de que pasó toda su vida interpretando y representando las pasiones de otras personas pero sin realmente sentir nada. Estaba vacío y tenía que solucionarlo, se dijo "- Vamos, calma y... ¡Seamos un hombre!-"
Decidió así, después de reflexionarlo, que las pasiones REALES era lo que caracterizaba a los hombres, y necesitaba encontrar alguna pasión que fuera real porque éstas eran la única condición para poder ser un hombre.
Descartó el amor, la gloria y la ambición. Pero luego pensó en el remordimiento y la eligió como la pasión que podía hacer que se convirtiera en un hombre. Necesitaba hacer algo realmente terrible para que el remordimiento lo acompañará el resto de sus días, quería ver espectros que lo atormentarán hasta que muriera.
Su obra final sería un incendio que días después, al leer en el periódico, se enteró que fue la causa de muerte de cientos de personas, sus víctimas, los espectros que lo atormentarían en el faro al que se retiró por el resto de sus días.
Mientras admiraba su obra y escuchaba los gritos de las víctimas, los bomberos intentando apagar el incendio y la gente preocupada rodeando la plaza, él se emocionaba más y más por los "vengadores insomnios que voy a padecer entre los fantasmas de mis víctimas" estaba impaciente por sentir el remordimiento, la culpa y la desesperación por su acción.
Huyó al faro y cuando estuvo ahí se dio cuenta de algo que lo aterró aún más: no sentía absolutamente nada. No había fantasmas, no había espectros, no sentía remordimiento, no había culpa, no había nada.
Entre su desesperación por buscar ver espectros, murió siendo uno de ellos.
El cuento me recordó la analogía de actores en una obra que todos sabemos que estamos actuando que se ha comentado en la clase.
Todos sabemos que lo que vivimos, sentimos y hacemos es parte de una puesta en escena que nosotros mismos nos condenamos a seguir, nos asusta saber que hay detrás de las máscaras una vez que lleguemos al acto final.
El terrible momento de conciencia que experimentó Lepeinteur Monanteui me hizo recordar todas las veces en las que el insomnio me hace darme cuenta de cuál es el papel que interpretó todos los días. Un papel que solamente represento fuera de mí y que solamente necesito interpretar fuera de mí. Así como lo planteaba Nancy, solamente somos cuando estamos con el otro, cuando coexistimos. Nos aterra saber que hay bajo nuestras máscaras y por eso buscamos siempre ser fuera de nosotros, buscamos encajar con el otro, armonizarnos con los demás.
Acudimos al guión solamente cuando estamos con otros, nos ponemos la máscara en cuanto habitamos con otros, cambiamos de máscaras de acuerdo a la situación. Nosotros mismos acordamos usar las máscaras mientras se está con el otro. Representamos pasiones sin realmente sentirlas. Somos espectros, no hombres. Los acuerdos que nosotros mismos pactamos son los que nos dicen que emociones interpretar en qué situaciones.
Somos espejos de los que nos rodean, reflejamos experiencias con el otro, desfiguramos nuestra propia existencia para parecernos al otro, somos ilusorios, cambiantes, reflejos, actores. Necesitamos sentir algo realmente para poder hacernos hombres.
El darnos cuenta de nuestra situación es el primer paso, pero hace falta buscar esa pasión que no nos haga caer otra vez en el espejo, que no nos haga creer que estamos sintiendo algo, sino que nos impulse a querer convertirnos en hombres.
El final del cuento me pareció muy triste. Morir buscando fantasmas y siendo uno creo que es el cubetazo de agua fría que necesitaba Lepeinteur Monanteui para darse cuenta de que no solo era un actor por profesión y que no solamente él es el actor. Además, me parece muy preocupante que el pobre, dentro de su desesperación por sentir algo y debido al nivel en que estaba metido en su papel, se vio en la necesidad de hacer algo realmente terrible para poder sentir que era un hombre de verdad.
La manera en que Nancy y el cuento conciben a la individualidad me hacen dudar aún más si realmente tengo la posibilidad de hablar o siquiera pensar en alguna cosa que tenga propia, que no sea reflejo de nada ni nadie más. ¿qué es eso que tengo, que me pertenece solo a mi que me hace ser yo y no el otro? ¿Cómo trazo los límites entre mi propia existencia y la máscara que llevo puesta? ¿Cómo evito que el papel que interpreto se impregne completamente en mi y olvide que es un papel nada más? ¿Qué hago para quitarme la máscara? ¿Seremos capaces de quitarnos la máscara sin terminar como Monanteui?



Me pareció muy interesante la reflexión sobre el ser humano como actor y como fantasma. Creo que abordar la búsqueda desesperada de identidad desde esta perspectiva, ayuda a hondar en la idea de individualidad denunciada por Nancy. Ya que al pensar al individuo como un ser absoluto, completo, se puede pensar en el individuo como insaciable de identidad, de algo propio. Se vuelve insaciable de identidad ya que la idea de individuo como ser absoluto es una ilusión, por lo que nunca encontraría aquello que es por sí mismo, aquello que lo define. Es por eso que me parece muy atinada la representación del engaño en el que cae el protagonista al creer que existe algo más que el ser un actor en una obra.
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