Deshaciendo el simulacro a ritmo de funk


 "No entiendo cosas como el amor o la soledad, porque desheché mi forma humana"

¿No sientes a veces que el mundo que te rodea, junto con sus habitantes, están en su conjunto montando una enorme obra de teatro? Algo que en el fondo todos saben que no es real, sino un montaje, y que los actores (las personas que habitan en él) son movidos por giros argumentales que avanzan las tramas de sus vidas, sin poder escapar de dicho teatro...

Esta es la idea que explora la canción "Dramaturgy" (ドラマツルギー) del compositor japonés Eve.

[Nota: Para la traducción de esta canción usé una traducción del japonés al inglés y luego traduje del inglés al español; aquí el link para escuchar la canción original así como la versión acústica donde aparece la traducción al inglés]

La idea del mundo como un teatro, meramente aparencial y fantasmático, es un tropo constante en la filosofía y literatura occidentales; pasando desde la alegoría de la caverna de Platón hasta la obra de teatro "La vida es sueño" de Calderón de la Barca, y esta canción lo aborda en su propio estilo.

Toda la canción refleja desencanto y frustración ante un mundo lleno de títeres movidos por hilos que desconocen, lleno de palabras y promesas vanas que se desvanecen en el aire, en la nada. Y en medio de todo eso, nuestro "protagonista" (el narrador que nos va contando sus desventuras en ese theathri mundi, el artista) se encuentra en un dilema: o adopta su papel dentro del teatro o abandona el teatro.

Las primeras dos estrofas dicen así:

"En cuanto lo entendí me lamenté / Me burlé de mí mismo, quién se había tropezado / ¿Es soledad o amor? Ni siquiera puedo entender eso / Porque abandoné mi forma humana / No puedo abrazar esta identidad compuesta por sólo palabras vanas"

"Incapaz de escapar de este pequeño teatro / Cuando me dí cuenta, al final, quise escapar / Todos actuábamos en él / Corriendo hacia los créditos finales / Todo mundo vive sus vidas, sin ningún espectador que los mire"

Estribillo:

"No hay un Yo / No lo encuentro por ningún lado / Todo este tiempo ni siquiera pude convertirme en un don nadie" 

Desde la primera estrofa el artista nipon no se anda con rodeos; más allá de disentir de los simulacros más fantásticos (como lo sería la patria o el honor) el autor se disocia de una las emociones humanas más profundas que puede haber: el amor. "¿Es soledad o amor? ni siquiera puedo entender eso, porque abandoné mi forma humana" rezan estos dos versos. 

Si lo analizamos con detenimiento, la soledad y el amor tiene algo en común: una ausencia de...[algo]; en el caso de la soledad podemos decir que hay ausencia del otro, de un amigo, familiar, amante, o de comunidad; por otra parte, la esencia misma del amor es la ausencia, pues como diría Platón, no puedes amar algo que ya posees, pues al poseerlo ya no tienes carencia de aquello y se pierde esa búsqueda [motor] por reunirte con el objeto amado; Eros no es bello ni bueno, busca la belleza y la bondad, es un aspirante a ser bello y bueno, es imperfecto e inacabado, por lo cual no puede ser dios. 

Ahora viene la parte más radical: "...porque abandoné mi forma humana...", también se encuentra en el estribillo: "No hay un yo". Bataille escribe en "La experiencia interior": "Llamo experiencia [interior] a un viaje hasta el límite de lo posible para el hombre. Cada cual puede no hacer el viaje, pero, si lo hace, esto supone que niega las autoridades y los valores existentes, que limitan lo posible." (Bataille, 1954); y en Nancy encontramos esto:

"Ahora bien. es en efecto la inmanencia del hombre al hombre, o incluso es en efecto el hombre, absolutamente, considerado como el ser inmanente por excelencia, lo que constituye el escollo para un pensamiento de la comunidad. Una comunidad presupuesta como debiendo ser la de los hombres presupone a su vez que ella efectúa o debe efectuar, como tal, íntegramente su propia esencia, que es ella misma el cumplimiento de la esencia del hombre [...] Desde entonces, el vínculo económico, la operación tecnológica y la fusión política (en un cuerpo o bajo un jefe) representan o más bien presentan, exponen y realizan necesariamente por sí mismos esta esencia" (Nancy, 1986)

Al parecer, para que se de la carencia que exige el amor y la soledad, es necesaria la presencia del Yo, pues es desde la singularidad que podemos tener noción de una otredad, y podemos sentir su ausencia (que es siempre la ausencia de un otro). Y si abandonamos dicho Yo, no podremos tener su correlato que es lo otro. Parece ser que nuestro artista expresa en ese "actuar corriendo hacia los crédito finales" la alienación presente en nuestras sociedades contemporáneas occidentales (investigando un poco sobre la cultura japonesa de las últimas décadas, podemos notar que en cuanto alienación el país del sol naciente no difiere mucho de nuestras sociedades occidentales); y la forma en que resiste a dicha alienación es suprimir el Yo, disociándose a su vez de las dinámicas desiderativas que suponen el amor y la soledad. 

Este movimiento es idéntico a la experiencia interna, extática, propuesta por Bataille; pues al abandonar toda autoridad y valor existente implica abandonar también el Yo. Según el artista, esta es (tal vez) la mejor opción de resistencia ante la alienación que impone el "teatro", o al menos así parece de momento. Aunque la experiencia batailleana es buscada por el sujeto (y es voluntaria), el verso del estribillo "no lo encuentro [el yo] por ningún lado" sugiere que el artista y narrador de la canción no buscó abandonar el Yo de manera voluntaria ni consciente como forma de resistencia, lo mismo sugiere el verso que le sigue: "Todo este tiempo ni siquiera pude convertirme en un don nadie"; más bien parece que en este caso el Yo se haya, en efecto, perdido, y a causa de su pérdida el intento por "ser alguien" quedó frustrado. Nancy invierte la fórmula erótica propuesta arriba: "el individuo no es más que el residuo de la experiencia de la disolución de la comunidad", esto es, que no es desde la singularidad que podemos hallar la otredad, es por medio de la otredad (la comunidad) que encontramos con la singularidad: "el individuo revela ser el resultado abstracto de una descomposición"

Bajo los término Nancianos, ¿Qué significa la pérdida del Yo? Que la descomposición de la comunidad no se dió, falló, por lo tanto, la abstracción del individuo no es posible. ¿Y qué implica esto? Si al principio decíamos que lo que supuestamente buscaba el artista era resistir a la alienación suprimiendo el Yo (éxtasis Batailleano), pero dicha supresión de hecho no se da, entonces ¿Hay o no supresión del Yo? ¿Al final hubo resistencia a la alienación con este método? Si seguimos el razonamiento que hemos seguido hasta ahora, concluimos que no, no hay tal supresión, puesto que no hay nada que suprimir en primer lugar. Caemos en cuenta que lejos de una resistencia efectiva a la alienación, nuestro artista la afirma inconscientemente al fallar individualizarse de la masa. Claro, todo esto suponiendo que donde hay comunidad hay necesariamente alienación (que es lo que el artista percibe y expresa), y esto, para Nancy, es lo problemático.

Teniendo en claro el fallo de la individuación, y por tanto de la supresión de dicha individualidad, los primeros dos versos de la primera estrofa cobran más sentido: "En cuanto entendí me lamenté. Me burlé de mí mismo, quién había tropezado". En efecto, si lo que se buscaba era una forma de resistencia ante la alienación, pero ni siquiera pudo individualizarse (separarse, abstraerse de la comunidad) entonces el intento resulta pueril, risible. 

¿Es esta notoria contradicción un mero recurso poético usada por el artista? Suprimir el Yo en busca de resistencia, pero al final darte cuenta de que nunca abandonaste la alienación, el "teatro"; yo creo que no. Sigamos con las siguientes estrofas.

"Cuando lo toqué, se rompió / Guardé silencio sobre el error que cometí / Todos éramos inocentes / Pero antes de saberlo nos habíamos convertido en monstruos / ¿Debimos reconocer que de otra manera no podríamos movernos?"

"[Bueno, seguro será imposible para ti] / [Como dije, seguro es imposible para ti] / Antes de darme cuenta, me había convertido en un extraño / Llegué tan lejos ignorando el ruido externo / Todo mundo se protege a sí mismo desesperadamente, esperando por la mano salvadora"

Creo que en este punto el asunto va aterrizando. "¿Debimos reconocer que de otra manera no podríamos movernos?", reformulando la pregunta, ¿Pudimos haber previsto que de no adoptar ningún rol que implica, hasta cierto punto, alienación a una comunidad, no podemos movernos en este mundo? ¿Aún conscientes que dicho rol no se basa más que en "vanas palabras"? Es una pregunta profunda, a la cual el artista responde no, no podemos. Necesitamos del fantasma, del simulacro, de "esa identidad compuesta por sólo palabras vacías" para movernos en un mundo que es, a nivel metafísico-epistemológico, fantástico. 

En efecto, en tanto seres significantes y simbólicos en un mundo que sólo puede ser conocido desde el lenguaje y el símbolo, en cuanto la civilización entra a dicho mundo aumentan los significados, símbolos, simulacros y fantasmas que rodean dicho mundo, y nosotros formamos parte de él; y si queremos movernos en él debemos participar de sus símbolos, fantasmas, etc. 

Sin embargo, ¿Esto implica necesariamente abandonar todo intento de resistencia a la alienación fantastico-erótica que nos impone dicho mundo? Para nada, creo que vale la pena dicho esfuerzo, aunque sea fallido o risible, tal vez es posible encontrar puntos de desoperancia a los qué aferrarnos.


Bibliografía

Bataille, G. (1954) La experiencia interior. Taurus. Madrid

Nancy, J. L. (1986) La comunidad desobrada. Arena libros Madrid  

    

       



Comentarios

  1. okokok
    Singularidad vs Fantasma
    Pero toda singularidad está emplazada por las urgencias fantomáticas de vida cotidiana. Cierto es que no por qué perpetuar una forma definida, la conciencia de mascarada hace inviable toda teleología nacida del ipse. El fantasma es la forma en que resiste la comunidad de lo común, la singularidad parece más bien la forma de la resistencia de lo no común, de la desobra. Pero he aquí la dimensión problemática, para la resitencia fantastmática de la comunidad sí hay lenguaje, no así para la resistencia del singular. Una posibilidad es el trabajo aporético, engranar mitemas preñados de cargas explosivas, el trabajo que Blanchot llamó "escritura de la noche", y Nancy "interrupción del mito"...
    Eve parece recién nacido a la comunidad, esto es, es patente un desgarro que, al contrario del dolor individual, deja de tener portador esencial. Por eso no puede haber lágrimas, como tampoco alegría
    ----"melancolía" como impugnación de los lugares comunes de la vida afectiva---
    El no-asombro del recién nacido trae a la vida un mundo caído, como invertido. Logro distinguir entre el recién nacido y el anciano, en éste la visión del vacío ha dejado de ser sorpresiva, amarra al aburrimiento, al tedio de quien ha decidido postergar los créditos finales.

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  2. Me llama la atención la relación que haces del eros platónico con la vida como teatro, ya que, si bien en la alegoría de la caverna se puede ver una alusión a los fantasmas, lo entiendo más bien como una representación del estado de ignorancia en el que nos encontramos en oposición a la verdad. Por otro lado, en la idea del mundo como teatro, no existe significado en la naturaleza, son los fantasmas los que dotan de significado a la vida, haciendo a un lado esta idea de verdad contra opinión, ya que todo es interpretación. Sin embargo en la idea del eros platónico como carencia, se podría interpretar un devenir constante (aunque no digo que esta haya sido la intención de Platón) es decir, no necesariamente la carencia de lo bello, de lo verdadero, de lo perfecto, sino una carencia sin más, que no alude al topus uranus, sino al vacío y a la búsqueda constante de significado.

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  3. Dos fantasmas son los que llamaron mi atención: amor y soledad; ambos fundados, lo defiendes, en la idea de la ausencia. Los juegos a los que entrará el amor y la soledad (individuo) en relación a la comunidad parecen innagotables —por lo menos, los franceses llevan casi medio siglo lanzando libros bajo el título 'La Comunidad [...]'—.
    Nancy, haciendo eco de Bataille, apunta que «la comunidad es siempre la comunidad de los amantes», y ésta parece sufrir un desgarro que la aleja de aquella «comunidad terrible» (tiqqun) o enajenante. En 2018, P. Quignard publicó 'Sobre la idea de una comunidad de solitarios' y sólo puedo pensar con ello que es imposible la idea del anacoreta sin la previa conformación de alguna comunidad. Todo desertor es individuo en tanto se debe (alejado, eso sí) a la comunidad. Los amantes, los solitarios son formar de la desobra de la Comunidad.
    La melancolía —como lo pudimos ver en semestres pasados— es el estrato para los fantasmas que acosan a los amantes y a los desertores. Es el desajuste que enferma. Tal vez aquí hay otro hilo que seguir.

    ¡Me gustó mucho este texto!
    y la rola me regresó a la secundaria...

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