¿A quién le dan miedo los fantasmas?
La
palabra fantasma en su origen griego no tenía un carácter temeroso. Sin
embargo, en la modernidad se volvió un fenómeno cultural de terror. El vocablo
no había cambiado su sentido por completo, se refería todavía a una aparición
que no representa lo real. Incluso en su modificación de fantasía
había un espíritu juguetón. ¿Por qué se volvió en algo terrible?
Ya hemos discutido que los filósofos
son amigos de los fantasmas, los utilizan cuándo y cómo les conviene, los
desenmascaran para mostrar el error en sus enemigos, pero los afirman como
absolutos para sostener sus ideas. Pero ¿no los artistas han sido los verdaderos
titiriteros espectrales? Mientras que el filosofo a veces se ve absorbido en su
propio simulacro, el artista nunca tuvo la pretensión de lo real. No hay
otro perfil tan afín a los símbolos como ellos, no pretenden dominarlos, sino
que los invitan a su morada a cenar, a que les cuenten sus historias y bailar
con ellos sin tomarse todo demasiado en serio.
La otra cara de la moneda de la
modernidad ilustrada es el romanticismo, que a su vez tenía su alter ego en el romanticismo
oscuro. Autores como Edgar Allan Poe o Robert W. Chambers fueron inspirados por
una musa enferma, se dedicaban a escribir historias con un carácter único,
historias que crearon un género nuevo de horror. ¿Cómo es que los fantasmas
terminaron siendo una figura igualmente temible que los demonios o los
vampiros? ¿Qué es lo que sucedió en la cabeza de estos autores malditos?
Tal vez, es que la racionalidad de
su tiempo se había creído los símbolos que había construido y darse cuenta de
su esencia fantasmagórica provocaba un vértigo terrible. Tal vez, los artistas
solo querían introducir nuevas figuras a un mundo desencantado. Pero tal vez, se
dieron cuenta de que hay una parte inaccesible de la realidad, que se nos
esconde cual cucarachas al prender la luz, pero que es innegablemente cierta.
Una parte de nuestra realidad que convive con nosotros pero que es agresiva, sádica,
inefable, lunática, tanática y que nunca se presenta explícitamente, solo se
puede intuir a través de espejismos.
Los filósofos juegan a los
rompecabezas de símbolos, creen que los tienen bajo su control. Pero hay otros
fantasmas que no están interesados en juegos de mesas, hay algunos que una vez
que invitas a tu casa no los vas a poder sacar. En su libro del Rey en
amarillo, Robert W. Chambers nos presenta varias historias de artistas que
se encuentran con símbolos malditos. Una vez que se entra en contacto con determinado
signo no pueden escapar de su fatal destino. Es inevitable ver el carácter romántico
de sus cuentos, pero no es coincidencia que los protagonistas sean artistas. Únicamente
ese tipo de perfil se ve afectado de manera terrible por los símbolos malditos,
solo ellos parecen desatar el interés asesino de dicho rey. Además, siempre hay
un juego entre lo que es y lo que no es, estar en ese límite parece ser la
condición de posibilidad principal. Desenmascarar el misterio no tiene el efecto
deseado de solucionar, explicar las cosas, sino todo lo contrario, entre más se
sabe peor va a ser el resultado. Hay un conocimiento intuitivo en los artistas
malditos del que nunca pudieron escapar, que por mucho que intentaran remediar
la patología de su musa siempre volvía la enfermedad. ¿Hay algún carácter
intuitivo de la realidad que sea terrible? ¿Cómo entender la relación entre los
símbolos, estos artistas y los filósofos? ¿El fantasma como la
apariencia real y no real es una metáfora de la realidad o de la condición humana?



En Lo cómico y la caricatura, Baudelaire afirma que “La fantasmagoría se ha extraído de la naturaleza. Todos los materiales de los que se ha atestado a la memoria se clasifican, se alinean, se armonizan y experimentan esa idealización forzada que es el resultado de una percepción infantil, es decir, aguda, ¡mágica a fuerza de ingenuidad!”.
ResponderEliminarY el prologuista de la correspondencia general de Baudelaire, Americo Cristófalo, nos presenta un gran contraste: “Rousseau despreciaba el teatro, veía en la apariencia la forma caída de una verdad original en estado de transparencia, de pureza, quería distinguir- inexorable proposición idealista- lo verdadero por detrás de las representaciones engañosas de la apariencia; más clásico, o mejor, más barroco, Baudelaire se confió al hábito de ver las cosas como son, en su apariencia, en su theatrum mundi: el teatro, una política de ataque a la ilusión de las verdades ocultas y necesidades de revelación, las evidencias y dogmas del culto nuevo”.
Además, debemos recordar que Baudelaire no llevaba la vida criminal del "apache" de los bajos fondos. Quizá su mayor maldad fue la publicación de las flores del mal. Es decir, Baudelaire es un no-Baudelaire, una impostura, un artificio profundo del que no se conoce el fondo, esto es lo realmente escalofriante, la vida vivida como abismo.
Casi podemos escuchar de él, con una voz que se antoja oscura: nolli me tangere, o bien, en la actualizaicón nancyana: nollli me frangere.
Hablando de autores malditos, me parece que Rimbaud--fuertemente influenciado por Baudelaire--se tomó muy enserio lo que Baudelaire apuntaba: ''la idealización forzada es el resultado de una percepción infantil...'' y dislocó la percepción de la realidad como mero teatro, quiso delevar lo oculto a través de la metafora como vehículo para trasladarse fuera del yo y aterrizar en el otro. Esta estrategia culminaría en una desarticulación de los sentidos, en donde el poeta experimenta y sufre la realidad des-velada. Creo que para alguien como Rimbaud sí habría un carácter intuitivo de la realidad que es terrible.
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